Por Gabriel
La muerte cercana es una gran explosión de silencio.
Su onda expansiva lo deja a Uno aturdido, sin rumbo. Mudo o locuaz.
El vacío es absoluto. No hay parámetros de comparación.
Relativizar no es una opción. Sólo asombrarse ante la magnitud del silencio,
ante la majestuosidad de la nada, ante la insignificancia del todo.
Aún conmocionado, Uno mira alrededor, con la secreta esperanza de ver los tangibles efectos de la tragedia.
Para comprender qué hacer. Para luchar contra el enemigo.
Pero Uno, solo ve normalidad. Edificios en construcción, gente paseando, niños jugando, pitidos al no arrancar en verde.
Entonces, Uno se mira dentro. Y se reconoce en su nada y en su soledad.
Luego, pasa el tiempo. Y la explosión queda como eco lejano de lo que tendrá que venir.
Y Uno, sigue viviendo.


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