Administra tu Blog

¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis


lágrimas

Por Gabriel

Lo primero que hacemos, nada mas nacer, es llorar. Llorar desesperadamente. Berrear. Gritar. Una queja primordial que parece fluir desde lo más hondo de la historia de la humanidad. Ante tal llanto y tal queja los padres sonreímos. Nuestro hijo está vivo porque llora y grita fuerte.

Cómo nos condiciona a lo largo de la vida ese breve pero intenso momento de pánico inicial ante el mundo, no lo sé. Pero si sé que no será la única ocasión en la que lloraremos como si nos lo hubieran robado todo menos la angustia de vivir.

Después de ese momento, pasará bastante tiempo hasta que esbocemos la primera sonrisa. Hasta entonces se sucederán llantos y más llantos por diversas causas que los padres tienen dificultad en identificar. Hambre, falta de sueño, dolor, ruido, luz,…Todo nos molesta y por todo lloramos, como si el habernos traído al mundo hubiera sido la mayor de las faenas que nos podían haber hecho. Algo que nunca perdonaremos a nuestros padres, y queremos que lo sepan desde el principio.

Algún tiempo después, empiezan las tímidas sonrisas ante las absurdas y cómicas expresiones que los mayores despliegan a pocos centímetros de nuestra cara. Eso si, esos breves arcos cóncavos de la boca rápidamente se convierten en convexos y las lagrimas comienzan de nuevo a brotar. A veces tímidamente pero la mayoría de las veces con mas violencia que antes de la sonrisa. No estamos dispuestos a dejarnos engañar por tan burdas pantomimas, que quede claro.

Enseguida, nos damos cuenta de que ese llanto espontáneo inicial causa un efecto devastador en todo aquél que nos rodea. Su única obsesión es hacerlo cesar, cueste lo que cueste. Así es como nuestro llanto se convierte en nuestro arma mas poderosa. Con ella podemos conseguir todo aquello que deseemos. Solo dejaremos de llorar y berrear cuando nos den lo que queremos. Nuestro llanto es insoportable, ya lo sabemos y lo vamos a utilizar.

La risa y la sonrisa, que también manipulan, llegan después, pero solo son efectivas en situaciones poco exigentes. Cuando las cosas se ponen feas solo el llanto sirve para aliviarnos o para doblar la muñeca de quien nos trata de dominar.

Llegado el momento del amor y de la necesidad de poseer al otro para poder ser nosotros, resurge con virulencia el recurso al llanto como mejor arma de defensa y de ataque.

Con la madurez tratamos de controlar ese impulso. Ya es difícil vernos llorar en público. Sin embargo, hay momentos en los que no lo podemos evitar. Una sensación acuosa y efervescente empieza a concretarse en nuestro interior. Poco a poco va subiendo como una marea. Nos inunda los ojos y termina rebosando por sus comisuras como una presa mal cerrada. Y una vez que se escapa la primera gota, nada puede detener el torrente. Lloramos hasta cansarnos de llorar. Lloramos por todo lo que ha pasado desde la última vez que lloramos.

Afortunadamente, la mayoría de las veces, las lágrimas arrastran toda la basura mental que llevamos dentro y nos suelen dejar relajados, despejados, agotados. Como después de una larga lucha en la que, paradójicamente, hemos cosechado una pequeña victoria.

A veces, quisiéramos llorar y no podemos. Se supone que deberíamos llorar por algo, pero, por alguna razón las lágrimas no afloran. Otras, reímos tanto que terminamos llorando. Y otras, lloramos tanto que terminamos riendo

Al final de la vida, volvemos a llorar por todo, como cuando éramos niños. Seguramente porque sabemos que está cerca el momento de perderlo todo y quizá porque también queremos seguir llamando la atención. Pero el llanto ya ha perdido su poder, como todo lo demás, ya no sirve. Solo nos queda desaparecer en silencio.

No hay Comentarios »


Dejar un Comentario


<a href> <em> <blockquote> <strong> <cite> <code> <ul> <li> <dl> <dt> <dd>


  • AIDEAS on Facebook