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Antigua, la ciudad caprichosa

en Tu Aventura

arco.jpgLos volcanes de Agua, de Fuego y Acatenango, los mismos que hace siglos intentaron destruirla, hoy se rinden ante el esplendor de la ciudad. Antigua Guatemala, antaño escenario de procesos históricos convulsos, es ahora referente imborrable de paz, arquitectura colonial y mestizaje artístico.   

Cada año recibe oleadas de visitantes, nacionales y extranjeros, que sucumben ante el hechizo de sus ruinas y sus calles empedradas. De ellas emanan los colores vivos de un lugar mágico, que, a pesar de su importancia histórica, durmió en el olvido y la oscuridad durante largos años.

Antigua es hoy su nombre oficial, pero, en realidad, su primera denominación fue Santiago de los Caballeros. Así la bautizaron los españoles al fundarla en la primera mitad del siglo XVI. Llegaron al mando del temible Pedro de Alvarado, lugarteniente de Hernán Cortés. Fue el protagonista principal de la conquista y apropiación del Reyno de Goathemala, desde el que se gobernó toda Centroamérica, dentro del Virreinato de Nueva España, lo que hoy es México. Tampoco la ubicación de Antigua es la original.

Las insurrecciones indígenas y los embates de la naturaleza obligaron a trasladarla dos veces desde su primigenia fundación en 1524, cerca de lo que hoy son las ruinas de Iximché, antiguo asentamiento del Imperio Caqchikel.

Primero la llevaron a la población que hoy pervive con el nombre de Ciudad Vieja. Está a unos pocos kilómetros de Antigua, en el valle de Almolonga, a las faldas del imponente Volcán de Agua, el mismo que la sepultó con una gran avalancha de lodo en 1541 como consecuencia fatal de lluvias incesantes y temblores de tierra. Hasta entonces no se había llamado Volcán de Agua, sino Hunapuh, nombre de la mitología maya cuyo espíritu enfurecido pareció no resistir más la supremacía invasora.

Por entonces, Pedro de Alvarado ya había muerto, en México, en el fragor de los combates por sostener la ira indígena. Su viuda, la española Beatriz de la Cueva, se convirtió en gobernadora de Santiago de los Caballeros. Se dice que, embargada por el luto, decidió pintar de negro el palacio de gobierno. Por la tristeza que le produjo la pérdida de su marido y la desdicha de no recibir herencia alguna, firmaba los documentos oficiales con el seudónimo de “La Sin Ventura”, quizá anticipando su final, pues murió aplastada por la avalancha del Hunapuh, junto a sus doncellas.

En Ciudad Vieja todavía queda en pie un muro de aquel palacio. Una lápida reza que en ese lugar “murió doña Beatriz, junto a once damas de su corte”. Sin embargo, hubo quien sobrevivió a la catástrofe. Por ejemplo, doña Leonor, la primera mestiza de Guatemala, hija de Pedro de Alvarado y su primera esposa, la tlaxcalteca Luisa de Xicotencátl, quien, desde México, había acompañado al conquistador hasta Guatemala.

Restañadas en parte las heridas de la tragedia, en 1543 el valle de Panchoy acogió el nuevo y definitivo emplazamiento de la ciudad. Con el paso de los años, la capital de Centroamérica fue ganando en importancia y apogeo. Se diseñaron sus elegantes plazas y calles de trazado cuadriculado, se elevaron sus señoriales residencias, palacios, conventos, iglesias, la Catedral, la Universidad… el arte colonial emergió y el enclave se convirtió no sólo en referente político, sino también en un centro de gran riqueza cultural y religiosa.

Los volcanes de Agua, de Fuego y Acatenango respetaron la vida de la ciudad y cobijaron a personajes emblemáticos, leyendas de la historia de Guatemala, como Fray Pedro de Bethencourt, natural de Tenerife, cuya abnegación hacia los más pobres terminó elevándolo a Santo hace no muchos años. Pero la fuerza de la naturaleza todavía le tenía reservado un episodio dramático a Santiago de los Caballeros. En 1773 una serie de terremotos sacudió los cimientos de sus bellos edificios, y sus paredes y los ricos ornamentos que éstas albergaban fueron reducidos a escombros, enterrando, junto a decenas de cadáveres, los sueños de una ciudad floreciente que quedó desolada.

El funcionamiento de la Capitanía no podía detenerse y los gobernantes decidieron trasladar más lejos la ciudad, situándola en el valle de la Ermita. Allí se erige desde entonces la capital de Guatemala, con el nombre oficial de “Nueva Guatemala de la Asunción”, si bien popularmente se la conoce como Ciudad de Guatemala. Santiago de los Caballeros quedó en el olvido, apenas sostenida por las ruinas de sus nobles edificios.

Pero sus pobladores no se rindieron y poco a poco la recuperaron. Y así, con el paso de los años, volvieron a relucir las casas coloridas, con sus tapias floridas, sus postigos, sus patios andaluces, sus rejas esquinadas… los techos de teja, las chimeneas, los cimborrios… Volvieron a cobrar vida sus calles empedradas y sus farolas a media luz entre la neblina que abriga los volcanes.

Tomó entonces el nombre de Antigua. Algunas propiedades quedaron en manos privadas, como el antiguo convento de Santo Domingo, hoy convertido en uno de los hoteles con más encanto del planeta. Y la plaza central volvió a ser punto de encuentro en torno a la fuente, rodeada por los soportales y las arcadas del Palacio de los Capitanes y de la Municipalidad.  Enfrente, la catedral –sólo parcialmente reconstruida- quedó en ruinas como vivo ejemplo de lo que fue la destrucción de 1773.

En el suelo todavía yacen grandes bloques de columnas, capiteles y restos de la cúpula central, como si el tremendo impacto contra el suelo acabara de ocurrir. Pero su fachada es una maravilla artística y en su subsuelo alberga los huesos de los protagonistas más ilustres de la villa: el propio Pedro de Alvarado, Luisa de Xicotencátl, su hija Leonor e, incluso, el célebre cronista de la conquista de México y Guatemala Bernal Díaz del Castillo. Los volcanes se enorgullecieron de la resurrección de la ciudad, sobre todo cuando fue nombrada monumento nacional de Guatemala, en 1944, y, en la década de los setenta, Patrimonio de la Humanidad, por la UNESCO.

Cita obligada
Viajar hoy a Guatemala exige conocer y pasear por Antigua, dejarse acariciar por su suave clima, visitar sus museos, sus iglesias, sus conventos, sus tiendas, sus fábricas de jade, su mercado indígena, su artesanía inundada de color. Quedarse en uno de sus hoteles de sabor colonial, rodeado de orquídeas, buganvillas y jacarandás. Recorrer sus calles en un coche de caballos, fotografiar su bello atardecer y degustar los platos típicos de la gastronomía guatemalteca, como las tortillas y chuchitos de maíz, los tamales, los frijoles o el pepián de pollo, res o “chompipe”, como llaman al pavo en Guatemala. Y, de postre, alguno de sus variados dulces típicos.

Éstos se consumen sin parar durante todo el año, pero, especialmente, cuando Antigua se atiborra de gente para vivir la Semana Santa, una de las más famosas de América. Los nazarenos y cargadores inundan sus calles, por donde discurren las andas procesionales, algunas de más de cien costaleros. Su paso, lento y decidido, destroza las vistosas alfombras que previamente han sido decoradas con esmero por los fieles a base de flores, serrín y hojas de pino.

Los sones indígenas de la chirimilla y el tambor, mezclados con la música sacra propia de esas fechas, se pierden en la lejanía y retumban en las paredes de los imponentes colosos que siguen flanqueando la ciudad. Están sosegados, silenciosos, pero de vez en cuando, el Volcán de Fuego asoma su penacho de humo, producto de inquietas fumarolas.

Comentarios(2) »


  1. Evelyn Búcaro 11-01-2009 - 06:52:51 GMT 1

    Al hablar de la antigua capital del reino de Guatemala siempre se comete el mismo error, la ciudad se llama La Antigua Guatemla para diferenciarla de la actual Guatemala(Nueva Guatemala de la Asunción).
    Antigua es el nombre de una de las islas del Caribe, lo que ha dado confución en algunos casos.

    Luisa de Xicontencal nunca fue esposa de Alvarado, el estaba casado en España con la hermana de Beatriz y a la muerte de la primera él contrae nupcias con su cuñada.

    No era Centroamèrica, era la capitanía General del Reino de Guatemala.

    Guatemala no existía como talni como nación de los habitantes encontrados a la llegada de los conquistadores.

    La reivalidad existente en la región era evidente
    luchaban entre ellos para obtener la supremacía del control de la producción del cacao en el sur.

    Los tres colosos que rodena nunca dañaron a La Antigua Guatemala ni directa ni indirectamente.

    Los ùltimos terremotos que asolaron a Santiago fueron los de 1773 pero no fue la acción de los mismo la que realmente destruyó a la ciudad totalmente sino la revalidad que surgió entre los terronitas y los traslacionistas la que realmente daña a la ciudad.
    Los traslacionistas destruyeron mucho de las edificicaciones para justificar el traslado el que se da por ordenaza real y todo el mundo debe abandonar la ciudad tomando absolutamente todo lo que había en ella pues todo debía ser utilizado para la construcción de la nueva capital y en ese momento hubo familias importantes como los Chamorro que deciden irse a Granada (actual Nicaragua) en vez de arriesgarse a ir a fundar una nueva ciudad.

    Es gracias a los terronistas que poco a poco la ciudad empieza a reconstruirse pero los servicios básicos fueron cortados por lo que vivir en ella no fue fácil (agua, correo, mercados, alumbrado, etc.)Este grupo tuvo que apoyarse de pueblos en las cercanías de La Antigua para sobrevivir, entre las familias terronistas podemos mencionar a los Pellecer.

    Muchas Gracias.
    Atentamente:
    Evelyn

  2. Peter 11-01-2009 - 22:24:18 GMT 1

    muchas gracias por tus interesants puntualizacioes y aclaraciones Evelyn

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