Por Gabriel
La economía, como las estaciones, tiene sus ciclos y sus reglas. Lo sabio, es conocerlas y respetarlas; lo necio, ignorarlas.
Nadie sabía mejor que las hormigas lo mucho que había que trabajar para cultivar y recoger arroz con el que pagar a quienes hacian camisas y pantalones por millones. Así, habían copiado, producido, vendido y almacenado lo suficiente como para pasar el duro invierno de la recesión, que siempre llegaba. Era, probablemente, el pueblo mas trabajador y más activo de los cinco continentes que contenian a la humanidad toda.
Se dedicaba aún con ahínco a esa tarea cuando, en las últimas horas de una tarde del otoño del ciclo económico, una aterida cigarra, con los bolsillos vacíos y la voz entrecortada se acercó renqueando y pidió su ración de petróleo y gas. Su bolsa de valores estaba tan flaca y débil que, desde hacía varios días, sólo se llenaba con un par de monedas tras escapársele todo el aire que contenía. La hormiga, entre los ecos de los fuegos artificiales (más artificiales que nunca) de los juegos olimpicos, a duras penas logró oír su trémula voz.
—¡Habla! —dijo —. ¿No ves que estoy ocupada? Hoy sólo he trabajado quince horas y no tengo tiempo que perder.
Escupió sobre sus patas delanteras, se las restregó y alzó un saco de arroz que pesaba el doble que ella. Luego, mientras la cigarra se recostaba débilmente contra una hoja seca, la hormiga comenzó a coser una zapatilla de deportes con un simbolo que inducía a hacer sin pensar. Sin levantar la vista de su trabajo exclamó:
—¿Qué dijiste?. Habla más fuerte.
—Dije que... ¡Dame cualquier cosa que te sobre! —rogó la cigarra—. Un bocado de liquidez, un poquito de inversión, algo de tu descomunal ahorro. Me muero, no puedo consumir...
Esta vez, la hormiga cesó en su tarea y, descansando por un momento, se secó el sudor que le caía de la frente.
—¿Qué hiciste durante la época de bonanza, mientras yo trabajaba? —preguntó.
—Oh... No vayas a creer ni por un momento que estuve ociosa —dijo la cigarra, tosiendo—. Estuve comiendo mas de lo que producía, contaminando mas de lo que limpiaba, pagando mas de lo que ganaba. ¡Todos los días!
La hormiga se lanzó como una flecha hacia otro saco de arroz y se lo cargó al hombro.
—Con que....tienes una televisión de plasma para poder ver la telebasura, un teléfono móvil con bluetooth para hablar con tu vecino, un coche todoterreno para estar mas cómodo en los atascos de tráfico, pero no tienes un saco de arroz como éste —respondió—. ¿Sabes qué puedes hacer?
Los extenuados ojos de la cigarra se iluminaron.
—No —dijo con aire esperanzado—. ¿Qué?
—Por lo que a mí se refiere, puedes empezar a trabajar sin descanso para pagarme todo lo que me debes. Todo lo que compraste sin tener para pagarlo. Yo, por si no lo sabes, mientras trabajaba duro, pagaba vuestra inmensa y absurda deuda. Ahora, llegó el momento en que las cigarras vivan como hormigas. Y tened en cuenta que las hormigas somos mas que vosotras y tendreis que producir todo lo que nosotras queramos consumir.
Y se fue hacia el hormiguero más próximo para darle un cuenco de arroz a la cigarra, a cambio de su blackberry, que ya no le era necesaria para coser camisas y pantalones para hormigas.
Madrid, Septiembre 2008 en pleno cambio de paradigma.


Meneame
del.icio.us
bueníssimo! este octubre será interesante, pero en fin, no quedará ahí, grandes emociones los próximos años...
OTRA VERSIÓN QUE CIRCULÓ MUCHO:
Había una vez una Hormiguita y una Cigarra que eran muy amigas............. Durante todo el otoño la Hormiguita trabajó sin parar, almacenando comida para el invierno. No aprovechó el sol, la brisa suave del fin de tarde, ni de la charla y la cervecita después de un día de labor.
Mientras, la Cigarra solo andaba cantando con los amigos en los bares de la ciudad, no desperdició ni un minuto siquiera, cantó durante todo el otoño, bailó, aprovechó el sol, disfrutó muchísimo sin preocuparse con el mal tiempo que estaba por venir.
Pasados unos días empezó el frío. La Hormiguita, exhausta de tanto trabajar se metió en su pobre guarida repleta hasta el techo de comida. Pero, alguien la llamó por su nombre desde afuera y cuando abrió la puerta tuvo una sorpresa cuando vio a su amiga
Cigarra dentro de un Ferrari y con un abrigo de piel.
La Cigarra le dice: -Hola amiga! Voy a pasar el invierno en Paris.
Podrías cuidar de mi casita? La Hormiguita respondió: Pero claro! Sin problemas. Pero ¿Qué ocurrió? ¿Dónde conseguiste el dinero para ir a Paris, comprar este Ferrari, Y ese abrigo tan bonito y caro? Y la Cigarra respondió : -Imagínate que yo estaba cantando en un bar la semana pasada y a un productor le gustó mi voz.. Firmé un contrato para hacer shows en Paris.
A propósito, ¿necesitas algo de allá? Si, dijo la Hormiguita.
Si te encuentras con el hijo de la gran puta de La Fontaine, ¡¡¡ MANDALO DE MI PARTE A COMER CIEN TONELADAS DE MIERDA !!!
La duda que tengo es si en realidad hay muchas hormigas, o si estamos ante las consecuencias de una plaga de cigarras...
Además, es posible que muchas hormigas hayan dejado sus toneladas de arroz al cuidado de las cigarras, mientras erroneamente pensaban que eran las "grandes hormigas". Entonces el drama es todavía mayor.
Lo que si esta claro es una cosa;
- La hormiga era una antipatriota
Lo que no sale en tu versión de la fábula es lo que les ocurrió a las hormigas disidentes que querían vivir como cigarras...o sea, ¡la mayoría!
La versión de Juan Pablo se me antoja algo más cruda pero igualmente realista.
En cualquier caso, gracias a ambos, porque ¡ahora ya sé porqué no me entusiasman los insectos!
Perdón por el despiste, José Pablo. !Nada de Juan Pablo!
Muy buena explicación y casi mejores comentarios.
Se me ocurre que la cosa es todavía peor... pues resulta que la hormiga, además de almacenar para ella, contribuía con un poco de excedente a llenar un gran cuento común para que de él pudieran comer las hormigas mayores y enfermas, en la esperanza de que las larvas jóvenes hicieran lo mismo por ella.
Cuando llegó el otoño de la crisis, la cigarra, camino de París, paró en el hormiguero y le dijo a las trabajadoras que allí estaban: me llevo un poco del cuenco social que no tengo para pagar la gasolina del Ferrari.
Y las hormigas no pudieron hacer nada, pues habían cometido el error de dejar que fuera la cigarra quien gestionara el cuenco común.
PD: Por favor revisen sus extractos bancarios de los 90. ¿A alguien le figura un ingreso de dividendos de Lehman Brothers? A mi no.
soys un poco subnormales no??