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Paisanajes de Managua. Henry

taxi-managua.jpg Por Gabriel

Henry conduce un viejo Toyota blanco por las calles de Managua, uno de los muchos taxis que circulan por esta ciudad. Una mañana, aparece para recogerme tras pedir un taxi en el hotel. Mientras conduce, mira continuamente por el retrovisor y trata de entablar conversación. Me cuenta que desde hace algunos meses ya no hay apagones y que a los taxistas les subvencionan una gasolina de origen venezolano. El piensa que es lo mejor que hasta el momento ha hecho el gobierno del FSLN que, según sus palabras, "supuestamente apoya a los pobres". Lo malo de esa gasolina es que daña el carburador y hay que ponerle aditivos. LLego a mi destino, me pide 80 Córdobas (unos 4 dolares) y le ofrezco 70. Como no tiene cambio de 100 me queda a deber la vuelta. Me da su tarjeta y me dice que me lo dará en el hotel. Obviamente, yo doy por perdido mi dolar de más.

Dos dias después lo encuentro en la puerta del hotel cuando salia hacia un sitio cercano. Me ofrece llevarme y saldar la deuda. Me dice que conoce bien el lugar (un restaurante español) pero que nunca ha entrado por ser de los mas caros de la ciudad (unos 15 dolares por persona según comprobé luego). Al dia siguiente lo vuelvo a encontrar por la mañana en el hotel y me cuenta que hace turnos de vigilante por la noche para completar lo que gana con el taxi. Se ofrece a llevarme por la mañana a todos los sitios que vaya a pesar de que ya lleva mas de veinte horas sin dormir. Entonces me entero de que tiene un hijo de dos años que lleva dos dias con calentura (fiebre) y que le han dicho que podria ser dengue. También me dice que paga 70 dolares al mes de alquiler por su casa, en un barrio en el que las bandas rivales provocan balaceras con frecuencia, y que su sueño es comprarse un coche que le sirva como taxi pues éste es alquilado.

Por la tarde, de vuelta al hotel, me informa de que su hijo está mejor, que está fresco y que, aunque le gusta la cerveza, hace al menos dos semanas que no la toma. Le pregunto porqué, con poca convicción en la pregunta, y me propone irnos a tomar "unas toñitas". Primero se detiene en un sitio elegante pero le insto a que continúe hacia algún lugar más popular donde lo importante es que la cerveza esté bien fría. En eso estamos de acuerdo, y así llegamos al bar Edén, una carpa verde bajo la que se encuentran mesas y sillas dispuestas de manera desordenada.

Aconsejado por él, pedimos un litro de cerveza, que sale mucho mas barato y, como yo no habia comido, pido también unas alitas de pollo. Mientras damos buena cuenta de la cerveza, efectivamente bien fría, entro de lleno en la realidad de la mayoría de la población de Nicaragua. Todo lo que llevo leyendo en sesudos y abstrusos informes durante cinco dias, se me hace claro como el agua durante la conversación. Henry nunca conoció a su padre y su madre decía que en la escuela perdía el tiempo y que tenía que salir a la calle a vender periódicos o lustrar zapatos para ayudar en casa. Así que apenas sabe escribir y leer y se lamenta de que eso le impedirá siempre trabajar en algo mejor remunerado.

Pero él no se resigna, no es ningún vago y poco a poco irá saliendo adelante. Asi que trató de pedir crédito a varios bancos para comprarse una parcela donde construir su casa, pero todos se lo negaron por no tener nada con lo que avalar. Su madre tampoco le adelantó el dinero pues su actual novio, que "anda plata", la utiliza en otras cosas. Asi que fueron los dueños del hotel quines le adelantaron "los reales" que necesitaba. Él se sigue sorprendiendo de que lo hicieran sin conocerle de nada, aunque ahora tenga que devolver ese dinero, poco a poco, trabajando también los sábados y domingos por las noches. 

Así que ya tiene su parcelita de unos 100 m2, sin titulo de propiedad, en una zona en la que las calles no están asfaltadas y no llega el agua ni la electricidad, pero tiene su parcelita. Ahora, cuando puede, compra bloques de cemento y va construyendo las paredes poco a poco. El tejado de zinc tendrá que esperar, pues este material es mas caro. Así, con lo que gana del taxi y de vigilante, paga la deuda de la parcela, mantiene a su familia y va construyéndose la casita. 

Pero ahora está empeñado en comprarse un coche porque no quiere seguir pagando por algo que nunca será suyo y de nuevo no encuentra quien le preste 4.000 dolares. Y para colmo, un cliente con el que estuvo cuatro dias llevándolo y trayéndolo, se marchó del hotel sin pagar. Seguramente no se acordó, así que estos días además tenía que pagar esas jornadas de taxi que le debía al dueño, aunque él no las hubiese cobrado. Con lo que yo le pagué por los viajes (que fueron bastantes en dos días) consiguió pagar tres cuotas. .

Pedimos otra botella de cerveza más y, tras pagar los tres dolares de la cuenta, me confiesa que la única solución a su situación es marcharse a Estados Unidos y trabajar pegando suelos y techos, que eso si sabe hacerlo, hasta que ahorre lo suficiente para volver. Mientras me lleva de vuelta al hotel, ambos vamos en silencio. Yo pensando en lo fácil que es entender el ciclo de la pobreza y lo difícil que es romperlo, sobre todo a base de sesudos y abstrusos informes como el que yo estoy haciendo y él, él no se muy bien lo que iría pensando...

GF Agosto 08. Managua

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