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Nombela

nombela.jpgPor Gabriel

Hoy, 25 de julio, fiesta de Santiago, Patrón de España, yo me acuerdo de Nombela, el pueblo natal de mi abuela Amparo. Nombela es el pueblo de España más alejado del mar, pertenece a la comarca de Torrijos, en la provincia de Toledo, apenas tiene árboles y en él viven algo mas de novecientas personas. Pero Nombela es Villa desde el Siglo XVI y era el lugar mas bello del mundo para mi abuela, que solo vivió en él hasta los 16 o 17 años, cuando conoció a mi abuelo, orignario de Cuevas de la Almanzora, en Almería.

Aún recuerdo la guasa de mi familia cuando un día, tras una breve estancia en nuestra casa de París, al llegar como todos los años a pasar el verano en su pueblo, mi abuela volvía a emocionarse como una niña al ver desde la carretera la torre de su iglesia. Pero mirad que bonita es, si es que no hay otra igual, decía con su voz cantarina y su alegría renovada y desbordante como cada vez que doblaba la penultima curva del camino el coche que conducía alguno de sus hijos. Sí, nada que ver con Nôtre Dame, dónde va a parar... decía divertido mi padre. Mientras tanto, mi abuelo, se ajustaba con parsimonia el sombrero y se volvía a admirar de cómo avanzaba la técnica y los coches eran capaces de recorrer más de 90 kilómetros en poco más de una hora. Lo decía con gran asombro y admiración por el coche y el conductor. Para él todo aquello siempre tuvo algo de mágico y misterioso.

Y es que el 25 y 26 de Julio, Santiago y Santa Ana son las fiestas de Nombela. Y en esas fechas, durante muchos años, no hubo excusas que valieran para no ir a llenar la gran casa que mis abuelos tenían en la plaza del pueblo, frente al famoso rollo establecido por su condición de Villa. Y allí, bajo la canícula del verano castellano, solíamos juntarnos muchas veces casi toda mi familia paterna que por residir cada uno en lugares distintos de España y el mundo en raras ocasiones se reunía. Pero la vehemencia y entusiasmo con que mi abuela hacía la convocatoria no dejaban opción que no fuera la fuerza mayor. Algunos iban solo a comer, otros se quedaban también a cenar y a dormir el 25 y mi hermana y yo, normalmente nos quedábamos unos días allí, a "disfrutar" de las fiestas.

Y es que recuerdo que, para mí, el peor momento para visitar aquel lugar era el de sus fiestas. No había ni un momento de tranquilidad. Mi abuela, de proceder acobardado y timorato en Madrid, allí estaba hiperactiva. Organizaba con diligencia todos los detalles de la compra: los huevos, en Fulanito, el pan, en Menganito, la carne, en Zutanito...repartiendo juego para que nadie se molestara. Llamaba a dos o tres señoras para que la ayudaran a encalar la casa, cortar la alta hierba del patio y hacer comida para todos, iba a la peluqiería y, a las 12 menos cuarto en punto, pasaba revista a todos para que fueramos a la misa como Dios manda, como si fuéramos a una boda o a una comunión. Yo siempre tenía que mejorar algo de mi aspecto: los zapatos, la camisa, el pelo con colonia...Y así esperábamos a que pasara la comitiva de unas cuarenta personas por delante de la casa con la imagen de "Santiago Matamoros" al frente y Santa Ana detrás. Y salíamos de la casa en pequeña procesión que se sumaba a la "grande". Quince minutos después ya estábamos en la iglesia, abarrotada ese día, con los ventiladores a tope y cientos de abanicos golpeando rítmicamente el pecho de las señoras. Los hombres, en la parte de atrás, vestidos de domingo riguroso y mirando repetidamente al techo con las manos cruzadas detrás de la espalda. Durante muchos años estuve delante, con las mujeres, pero un año me solté de la mano de mi madre, me fui detrás y no me arrodillé durante la consagración. Son esos pequeños gestos que haces sin mucha convicción para sentirte mayor pero que producen cierta nostalgia. 

Luego, todo sucedía muy deprisa: ir a ver a un montón de "tíos" y "primos" que apenas conocíamos(eran visitas breves, pero en todas nos ofrecían algo de comer y beber); comer todos juntos en la casa filetes rusos, albóndigas o pollo en pepitoria; echarse la siesta, ver a mas "tios" y "primos" y prepararse para la temida noche: tiro al blanco con escopetas trucadas, tómbolas imposibles, petardos por todos lados, baile y fuegos artificiales en dudosas condiciones de seguridad. Por cierto que, muy hábilmente, mi abuelo se quedaba tranquilamente en el patio trasero de la casa con un cubo de agua por si caía una caña incandescente y quemaba el rastrojo seco. El fin de fiesta normalmente era no pegar ojo ya que, al estar la casa en la plaza, el sonido de las tómbolas, las atracciones y los petardos, unido al insoportable calor hacían imposible dormirse hasta la madrugada. Al día siguiente, todo empezaba a mejorar: churros para desayunar, mañana mas tranquila y a veces excursión a la finca de La Raña o al río Alberche para bañarnos. Y así. los siguientes días hasta que abandonábamos a mis abuelos y al pueblo.

Ahora, después de mucho tiempo, recuerdo esto y me pregunto cómo serán las fiestas de Nombela, ahora que ya no está mi abuela para convencer a todos de que son las mejores fiestas del pueblo mas bello del mundo. Y mientras lo recuerdo, me acuerdo de ella, y siento, como siempre, no haberle dicho nunca que sí, que su pueblo era el mejor,  porque estaba ella, y por ella hacíamos cualquier cosa. Yo hasta gané un plato de Talevera con una granada pintada (su fruta favorita) en una tómbola, y ahí sigue colgado de la pared del zaguán de la casa que ahora está cerrada también el 25 de julio.

GF Julio, Managua

Comentarios(2) »


  1. MAR FERNÁNDEZ 29-07-2008 - 08:24:04 GMT 1

    Muy bonito. Nombela seguirá igual en fiestas, tan calurosa y apretada como siempre. Sigue sin haber árboles por allí...

  2. potenkhn 31-08-2008 - 17:58:58 GMT 1

    Delicioso comentario sobre el ambiente de las fiestas Nombelanas, lástima la época de las famosas marchas anti-residuos nucleares del "berrocal", y la falta de "agua" en los "pilones" para tirar allí a los "nuevos" o "arrimaos" al pueblo y a los músicos de las orquestas, bueno a algunos nos queda todavía el recuerdo del ambiente en el "Amable" y los escarceos post-adolencentes del "Luxor"....

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