Por Nacho Espinosa Goded
Levántate y sal de la oficina. Escúpele a la cara. No le des tú dinero a quien te trata como marica cuando quieres ser cliente. Plántate a la puerta de la parroquia, no entres en la casa de quien no te quiere dentro. Iza una bandera gay en la plaza de tu pueblo, pinta tu fachada de arcoiris y tapa con multicolor las pintadas homófobas que manchan tu puerta.
Pero levántate tú de la que era su silla, sal de su oficina y deja tu trabajo. Que sea tu saliva la que moje la cara de quién te insulta por besar o pasear dándole tu mano a quien tú quieres; tu saliva, su cara. Niega tu presencia en la iglesia cuando tengas que entrar negando quién eres o mutilando parte de tu ser; tú presencia, su casa vacía. Coge tu dinero, tírale su copa al camarero y lleva tu consumo a otro lado; tu dinero, tu elección, su negocio. Que tu casa sea tu castillo de razón, son tus vecinos -tanto como tu lo eres suyo-, tu casa, sus prejuicios, el barrio de todos.
Lo sé. Sé el riesgo que todo esto puede suponer para algunos gais, muchísimas lesbianas y casi todas las trans. Que una cosa es poder casarse y otra encontrar novio y presentarlo a los amigos y a papá y mamá, al tío sacerdote, o llevarle a cenar porque todos los días son San Valentín; una cosa es que se haya celebrado un Europride en Madrid y otra entrar vestido de leather en el bar de tu pueblo; que una cosa es que puedas poner en tu DNI tu sexo y cambiarlo por el que otros te asignaron y otra la cara que tienes que poner cuando vuelves a ver a tus compañeros, vecinos y amigos después de la operación; sé que nada tiene que ver poder adoptar con entrar mamá y mamá en la reunión de padres de la guardería de vuestro hijo.
Escribo desde la comodidad gay de Madrid, donde las conquistas sociales han fortalecido mis conquistas personales, escribo después de haber leído, sonreído e interpretado Etica Marica de Paco Vidarte -obra póstuma publicada por Egales- y escribo desde la vehemencia que da el estar convencido de que somos menos pero tenemos razón. Paco aboga en su libro por una ética de cada uno de nosotros, una ética individual, no organizada pero desarrollada desde la identidad gay que nos define. Yo sí coincido con la que deduzco como una de sus ideas principales: ser -simplemente- depende cada uno de nosotros.
La normalidad, por normal y común debe conquistarse de forma extensa, en cada uno de nuestros frentes, en cada una de nuestras vidas. Porque son tus padres los que tienen que conocer a tu novio, no los padres, los tuyos, con nombre y apellidos; es el bar de tu pueblo y el camarero que ahí trabaja el que no puede negarte la entrada, no es la hostelería, es ese bar y ese camarero; son tus compañeros de curro los que tienen que saber que el Sr. Eugenio es ahora la Srta. Eugenia y pronto podrá ser la Sra. de la jefa; no es el ámbito laboral, es tu lugar de trabajo; no es el ámbito educativo, es la guardería de vuestro hijo y los maestros que ahí trabajan quienes tienen que asumir que hay muchas familias y la vuestra tiene mamá y mamá. Porque eres hijo, profesional, compañero, sois madres y consumidores; pero eres hijo gay, profesional trans, mamá lesbiana, consumidores todos. O si lo prefieres -Paco- somos gais hijos, somos trans profesionales, lesbianas mamás, somos todas maricas consumidoras.
Somos minoría. Asumámoslo. Somos pocos en un mundo heterosexista. Su moral y su ética no está hecha para nosotros -algo que los heteros jamás llegarán a comprender- pero estamos aquí para quedarnos, este el único mundo que tenemos para todos y nos tenemos que hacer el hueco. Estoy convencido de que sólo vestidos con la armadura que nos da la razón que tenemos y las conquistas que hemos logrado, conquistaremos nuestra libertad y espacio personal. Cada uno de nosotros, en cada una de nuestras vidas. Todos los días.
¿Cuál es el riesgo? Perder un empleo, una riña o ruptura familiar, chismorreos y caras de sorpresa en la oficina, una explicación a madres, padres y alumnos, un día de vergüenza, algo de cansancio -la armadura pesa- perderían en cualquier análisis coste-beneficio si en el otro platillo de la balanza ponemos la posibilidad de desarrollarnos plenamente como gais, lesbianas y trans, la posibilidad de ser. Eso sí, sólo la posibilidad, luego somos solos para intentar estar felices, cada uno de nosotros, de cuando en vez, como buenamente podamos.
Marzo, 2008


Meneame
del.icio.us
Mucho rencor se deja traslucir en tus palabras, mucha amargura y rabia. Lo has tenido que pasar muy mal, y respeto profundamente ese dolor.
Pero seguro que, por cada uno que te ha mirado en la calle al ir de la mano o besarte con tu novio, cinco ni se han percatado, o lo han visto lo más normal.
Seguro que por cada amigo, compañero, vecino, familiar que te dió la espalda, han surgido otros (no me atrevo a poner un número) que te quieren y respetan.
Y de cada cinco veces que hayas entrado en una Iglesia, cinco veces has tenido las puertas abiertas y cinco veces que nadie se ha apercibido de tu presencia. Sólo Dios te dá la bienvenida. Nadie se percata de que has entrado, de cómo eres, cómo sientes, cómo piensas, ni de quien estás enamorado.
Tú das varios consejos, permíteme que te de uno: Da y date una oportunidad, piensa en esos otros cinco, que no juzgan, que respetan, que te regalan una sonrisa. Merece la pena pararse en las cosas buenas y bellas.
Creo que el planteamiento que haces es puro maniqueísmo:
buenos-los que tienen razón-homosexuales
malos-los que no tienen razón- heterosexuales
Y esa postura es la que me deja una duda, ¿no serás tú el que ya prejuzga y califica al alguien por el hecho de ser heterosexual?.
Pienso que te haces daño al alentar al desprecio de quienes desprecian. Animas a comportarse exactamente igual que ellos; ¿qué os diferenciaría?. Y eso sólo te dejará más rencor, más amargura, más ira.
Hay que esforzarse en seguir avanzando, en no dejar de crecer personal e individualmente y también como sociedad. Pero sin olvidar el Ser Humano que todos somos, y la dignidad que hay en ello. Homosexuales y heterosexuales, somos lo mismo. La condición humana de la que estamos hechos nos iguala, por mucho que algunos os empeñéis en diferenciarnos.
Querida Ana, mil gracias por leerme y otras mil por contestar a mi escrito. Deja que reaccione a tu reacción simplemente por seguir la conversación y hacer uso del blog para lo que es.
¿Rencor? mucho, pero no por mí. Por los que cientos de miles que sí lo han pasado mal y han sufrido ese dolor (por usar tus palabras). Por los 5 iraníes de 16 años que fueron ahorcados hace un año acusados de prácticas homosexuales; por mi amiga Kasha a la que en Uganda encarcelan periódicamente por ser lesbiana; por las trans que en Indonesia se dejan la vida en quirófanos de mala muerte; por los cientos de gays y transexuales que fueron encarcelados en el campo de concentración de Tinanfaya, o por los maricones que en Bolivia, Estados Unidos o Rusia se pasan la vida esperando que les caiga una teja y les arregle. No por mí, yo tengo la suerte de poder escupir de vuelta.
Es cierto que por cada vez que me han dado la espalda, otras cuatro me han abierto puertas y corazones. Pero ¿por qué debo vivir mi vida al 80%?. Yo, como todos, sólo tengo mi vida como única oportunidad para ser feliz, ¿por qué debeo admitir que otros cercenen esa oportunidad?
El escrito al que amablemente reaccionas no pretende dar consejos, sino alentar a gays y lesbianas que teniendo esa oportunidad para ser felices permiten que se la roben y reduzcan. Por cobardía. Y ser cobarde es un lujo que las minorías (y especialmente las que gozan de plenos derechos) no pueden permitirse.
El texto es un llamamiento para plantar cara a la homofobia, no contra los heterosexuales (pero sí, la mayoría de los homófobos son heterosexuales). Un grito para ser intolerantes con los intolerantes. Y sí, los homófobos (que no los heterosexuales) son peores personas que los que no lo son.
Resumiendo: rencor por lo que otros sufren; cabreo por lo que otros no evitan sufrir; intolerancia con los intolerantes y agradecemiento a los muchos que nos han traido donde estamos.
Esoy de acuerdo contigo en que hay que esforzarse en seguir avanzando. Nosotros ya lo hemos hecho.. ahora os toca a vosotros.
Gracias, y feliz día del orgullo (normalmente el 28 de junio, este año trasladado al 5 de julio)
PD: Si no reacciono a tus comentarios de contenido religioso es por respeto a unas creencias que, comparta o no comparta, no creo que puedan ser argumento para no intentar vivir plena y solidariamente la vida que Dios o un tercero me ha dado.
Querido Nacho, muchas gracias a ti por contestar a lo que te escribí. Agradezco también que en tu texto diferencies entre homófobos y heterosexuales y que tengas clara esa diferencia.
Te deseo mucha suerte en la vida y que la puedas vivir libremente y de la manera que desees.