Mis amigos Mar y Fernando se acordaron de mí durante su estancia navideña en Cahuita. Tras reconocer por las polvorientas calles de esta localidad caribeña a Walter Ferguson, le pidieron que me dedicara su disco Babylon. Sus sones me han acompañado a despedir el 2007 y encarar el 2008 como si contemplara el calido mar caribeño desde una hamaca junto a una cuartilla de guaro de caña.
Gavitt, como se conoce a Ferguson, es un calypsonian costarricense autor de inumerables calypsos, en los que retrata la vida de las aldeas del Caribe costarricense con una combinación de humor y tragedia.
La leyenda cuenta que durante la mayor parte de su vida, Gavitt se dedicó a interpretar su música sin salir de su pueblo y valiéndose únicamente de una guitarra. El mismo grababa sus canciones en cintas de cassette y en condiciones rústicas para vendérselas a los turistas nacionales y extranjeros que visitaban Cahuita.
Tanto es así que cuando el sello Papaya Music se propuso comercializar esta música grabando Babylon, tuvo que desplazarse a Cahuita, al pequeño hotel que la familia de Gavitt posee a la entrada del Parque Nacional. Allí, los técnicos de sonido tuvieron que forrar una habitación con colchones y alfombras para silenciar a las loras y los perros que había en la casa y poder aislar los sonidos de la voz y la guitarra de Ferguson.
Ahora, con mas de 90 años, Gavitt aun pudo firmar su disco con mano temblorosa mientras les contaba su historia a Fernando, Mar, María e Ignacio


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