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Costa Rica tampoco se atreve a "quedarle mal" al Tio Sam

Por Gabriel Fernández

Como dirían los comentaristas deportivos españoles cada vez que el equipo nacional queda eliminado de un mundial: "no pudo ser". La frase refleja bien la frustración y resignación de quienes tienen la esperanza de que algo poco habitual o excepcional acontezca y, como es habitual, no acontece.

Por un estrecho margen (unos 45.000 votos, mas o menos la capacidad de un estadio de fútbol) los costaricenses han apoyado en el refrendo popular del pasado 8 de octubre, la ratificación del Tratado de Libre Comercio de Centroamérica con Estados Unidos (CAFTA). Ni la torpeza de los dirigentes costaricenses a la hora de manejar la campaña del SI ni el ímpetu con que los intelectuales del país han creído en el NO, han sido suficientes para que la mayoría de los ticos fueran capaces de decir NO a EEUU. Y es que la cultura tica se caracteriza, según ellos mismos relatan, por tratar de no enfrentarse nunca con nadie directamente, y si se puede, no tomar decisiones hasta que "se aclaren los nublados del día", tal y como manifestron los Cartagos cuando les llegó el momento de declarar la independencia de España a vuelta de correo de la misiva que les llegaba desde Guatemala en este sentido. Es más, el sentido de culpabilidad que experimentan en Costa Rica al decir NO es tan grande que esto se refleja en el idioma. Así, asumen toda la responsabilidad del no al decir "le voy a quedar mal" o "no le ofrezco" en lugar de "no tenemos" o "no quiero hacerlo".

Con esta premisa sociocultural era difícil que el NO fuera predominante, y más cuando, ante las serias dudas ante el triunfo por parre del Gobierno de Oscar Arias, pocas horas antes de la votación, la administración Bush entró en escena a su manera: amenzando sobre las consecuencias negativas que tendría para el país la no ratificación del Tratado y sobre la rescisión del régimen de preferencias del que disfruta Costa Rica, como el resto de países de la Cuenca del Caribe. Esto era demasiado. Decir NO era quedarles demasiado mal a los amos del planeta. Así, paradójicamente, pocos dias después de la colorida exaltación nacional del día de la independencia, el 15 de Septiembre y pocos días antes de la celebración del Descubrimiento, el 12 de Octubre, el pasado fin de semana, la mayor parte de la población de Costa Rica prefería deir Sí a seguir siendo colonizada y, de alguna manera, explotada, no por los españoles en este caso, sino por el capital extranjero en general y norteamericano en particular.

Casualmente, ese mismo fin de semana tuve la oportunidad de visitar Guanacaste, la zona con mayor desarrollo turístico de Costa Rica y que todavía no conocía. El panorama no podía ilustrar mejor lo que se avecina con la ratificación del TLC: Tamarindo, el municipio que acoje mayor cantidad de inversión extranjera está inundado de agua y de grúas. Las construcciones de lujo convertidas en fortalezas proliferan como islas de riqueza entre las calles gravemente deterioradas y la población local que vagabundea por ellas. Además me contaron que la playa comienza a estar contaminada porque los hoteles y restaurantes aprovechan las lluvias para verter aguas negras al mar ante la pasividad cómplice de las autoridades locales que reciben las coimas. También me contaron que con tanta construcción y movimiento de tierras, las olas ya no son lo que eran para los surfistas y que la mayor parte de la riqueza que se produce con la venta de propiedades no genera ninguna inversión productiva, simplemente sale del país en forma de beneficios para los inversionistas de corto plazo. El panorama recuerda mucho a los inicios del "desarrollo" espectacular de la costa del sur de España antes de la operación MALAYA (de Malaga a Ayamonte).

Tras pasar por el lujosísimo Centro Comercial de las afueras de Tamarindo recientemente inaugurado y construido a base de mármol travertino y maderas nobles, cuyo coste no me extrañaría fuera superior al de todas las viviendas de la población de Guanacaste, nos dirigimos a Playa Conchal de cuya belleza me habían hablado repetidamente. LLegados al lugar, nos encontramos un gran Hotel (Melia Paradiso) cuya muralla de mas de 5 metros de alto y más de 2 km de largo no deja acceder a la playa pública. Siguiendo la muralla y los manglares llegamos a unos 2 km al pueblo de Brasilito por el que nos dicen se puede acceder a la playa. Imposible, con la marea alta no se puede. Volvemos entonces al Hotel Melia con la intención de preguntarles si podemos ver la famosa Playa Conchal. Un guarda armado y una señorita con impecable traje de chaqueta nos informan que, lamentablemente, esto solo es posible si abonamos el "Day Pass" consistente en la módica cantidad de 85 USD por persona por disfrutar todo el día de las instalaciones del hotel...

Que cada uno saque sus conclusiones. Guanacaste, mayoritariamente dijo NO al TLC, como el 48% de la población de Costa Rica. Lamentablemente la mayoría no creyó en la viabilidad de un proyecto alternativo a la agenda única que hasta el momento se impone en materia de comercio y desarrollo.

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