Lejos quedaban las payasadas de Nastasse, los monumentales enfados de Mc Enroe, las famosas "plongées" de Yannik Noah o la genialidad excentrica de Agassi. Los torneos internacionales de la ATP se habían convertido en monotonas demostraciones de seriedad, abnegación y fuerza física y mental encarnadas por los reinados de Samprass, Nadal o Federer. Se echaba de menos la hilaridad y el buen humor acompañando al talento y la profesionalidad. Afortunadamente apareció Novak Djokovic para hacernos disfrutar con su buen tenis y con sus parodias. Un ejemplo de esto último en el US Open


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