Por Raul Ramos Mirar mapas ya no es lo mismo. Ni nunca lo será. Ya no puedo ver ni los colorines, ni las letras, ni las leyendas ... Como desde pequeñito, me sigo quedando durante horas leyéndolos y, aún después de haber estado estos últimos 20 meses dando tumbos, me doy cuenta de que no conozco prácticamente nada de todo lo que evocan. Pero una cosa sí que ha cambiado. Y es que ahora abrir un mapa constituye todo un festejo de sueños y recuerdos, de caminos recorridos e ilusiones por aventuras. Ahora los mapas están llenos de caras, de historias, de amaneceres, de caminos olvidados, abismos infinitos, bosques, desiertos, llanuras, volcanes ... Llenos de calles, de bares, de casas, de camas, platos calientes y suelos sin fregar. Llenos de miradas, palabras, pretensiones, esperanzas y desalientos. Llenos de soledad, de vida y de mensajes sutiles. Y así, al cerrar un mapa y guardarlo uno se convierte al instante en un ser liviano e invisible. Sea perdido en el ruido de las grandes ciudades o en la inmensidad de la poderosa Naturaleza uno se olvida de todo y, lleno de ignorancia y atrevimiento, pierde cualquier miedo a arrancar por cualquier camino. Estos últimos 20 meses han sido absolutamente mágicos, irrepetibles, reveladores, contradictorios, circulares ... como el mundo y la humanidad misma. Una combinación imposible de casualidades y rutinas escenificadas con todo su esplendor en estos últimos 10000km sobre la Milagrosa, que han marcado para siempre a su jinete, marioneta de un camino que emprendió sin más dirección que alguna geografía. Toda una lección de humildad y belleza.
Llegar a Argentina y en especial a su capital ha sido un poco como volver a España. En Buenos Aires, la sensación es la de estar en Madrid, o al revés supongo, las avenidas, las aceras, los edificios y, cómo no, la gente. Carteles de propaganda de las elecciones gallegas en algunas esquinas, El País fresquito del día todas las mañanas en cualquier quiosco de la ciudad y uno adquiere sin darse cuenta la rutina al levantarse de comprar el periódico, irse a una cafetería y pedir un cortado ante la sorpresa permanente de que, efectivamente, a uno le traen un cortado. Un día, según anochecía en una cafetería de la ciudad, me acordé de que llevaba en mi pequeña mochila el mapa que había comprado en Quito antes de iniciar mi viaje con la Milagrosa. Un mapa de Suramérica, grande y tosco, ya roto por casi todos los pliegues, descolorido por el sol y la lluvia, como única guía para la travesía en moto. Y tampoco hizo falta más. Lo saqué, lo abrí y me puse a viajar por él de nuevo."¿Qué buscás?" La súbita pregunta me devolvió a la cafetería en la que estaba. En la barra, a mi lado, se había sentado una mujer, de unos cuarenta años, maquillada elegantemente y de vestir un tanto atrevido como para un martes frío de otoño. Me pareció. Su vaso de cerveza estaba ya por la mitad, así que debía de llevar sentada a mi lado ya un rato. "Pues no sé, pero espero poder verlo cuando me lo cruce". Y eso le bastó para provocar una conversación que nos llevó por distintos lugares, mi viaje, la situación en Argentina, los estudios que a ella le hubiese gustado cursar, ... en fin. Al cabo de un rato me hizo exactamente la misma pregunta que durante los últimos meses me venían haciendo los seres más diversos. "¿Cómo un lugar en el mundo?" respondí para hacer tiempo y miré al mapa aún abierto. "¿Algo como para poder señalar en un mapa?" añadí. "Pues sí, algo así supongo". Yo creo que ella no sabía más que yo que era lo que me estaba preguntando y yo aún habiendo escuchado la misma pregunta varias veces, seguía sin saber qué responder.¨
Finalmente y por no dejar que el silencio se volviera demasiado espeso comencé a hablar sin saber exactamente lo que acabaría por decir. "Mi amor" decidí empezar, "¿y quién soy yo para pretender merecer un lugar en el mundo para mí?" miré el mapa de nuevo y ahora lo descubrí abarrotado como nunca de seres, paisajes y soledades y entonces supe qué decir "Tan sólo ahora es que estoy empezando a tener un lugar para el mundo en mi ser como para tener pretensiones más elevadas. Además, si yo ya no sé parar de caminar y ya tengo bastante con tratar de inventar nuevas formas de viajar para cuando mis pies descansen". No sé muy bien de donde salieron esas palabras,seguramente de todos los habitantes y rincones de aquel mapa, pero desde que sucedieron no me las puedo sacar de la cabeza. Ni tampoco quiero, porque empiezo a creer que encierran lo más esencial de este viaje y, al mismo tiempo, la semilla para los próximos , así que desde entonces trato de que se me queden bien grabadas en las entrañas. "Supongo que tenés razón" me dijo la mujer mientras se apoyaba en mi brazo para bajarse de la banqueta de la barra y me besaba la mejilla. Suerte mi amor, y andate con cuidado" se despidió, y esquivando las mesas y la gente de la cafetería entró en la calle y se perdió entre el tráfico y la oscuridad. Por supuesto, dejó su cerveza sin pagar.
Llevé la Milagrosa a uno de los puertos comerciales en las afueras de Buenos Aires, a orillas del Río de la Plata, para embarcarla rumbo a España, donde llegará en algunas semanas. Me tocó dejarla en una esquina del almacén de ladrillo y hojalata, oscuro y sucio, que me habían indicado en la aduana marítima. Abrieron el almacén para recepcionar la moto y una vez acabado el papeleo salimos y muy lentamente se cerraron las puertas. Según la oscuridad iba cubriendo la Milagrosa, la emoción, una mezcla confusa de santísimas cosas, se me coló por toda la piel. Y aún me sigue el escalofrío. Me dí la vuelta y según salía del recinto tuve la firme convicción de seguir regalando la vida al sabio azar. Ya volviendo a la ciudad en transporte público atravesamos las villas de la periferia, los barrios desde donde todas las noches salen ejércitos de familias que invaden todas las esquinas de Buenos Aires para rebuscar en las basuras cualquier cosa con la que ganarse unos pesos durante el día. De entre los numerosos carteles publicitarios cada tanto había uno que anunciaba un periódico nuevo. Decía "´Diagonal´ es el periódico del nuevo pobre, porque trabajamos con y para los que se cayeron del sistema".El mundo sigue. El mundo siempre sigue.


Meneame
del.icio.us
No hay Comentarios »