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Buenos Aires, malos tiempos

Por Gabriel Fernández

En Buenos Aires aun persisten los efectos de su grave crisis, perdón, de la corrección de sus estados financieros. La ciudad late de forma desigual por cada barrio y por cada individuo. Mientras algunos restaurantes están llenos todos los días de la semana, otras zonas de la ciudad parecen deshabitadas. El centro de la ciudad esta poco iluminado en la noche, lo que le da cierto aire de tristeza aunque los comercios de la calle Florida y Corrientes traten de suplir con su luz la que falta por las calles. Mucha gente paseando, poca comprando. Los precios bajos. Mucha gente actuando en la calle, muchos mirando. Todos pagan un alto precio.

Buenos Aires es una ciudad que tiene su zona de diversión con restaurantes y bares pegada al cementerio, donde los bares no cierran en toda la noche y donde la gente pide daikiris de frutillas (fresa) después de haber ido al teatro o a la opera. Pero Buenos Aires por la noche es también una ciudad llena de indigentes durmiendo en los portales y de cartoneros en todas las esquinas explorando la basura y diseminándola por toda la calle. Estos dos mundos conviven con naturalidad junto al tercero, el de los turistas, los que van a ver tango a Señor Tango o al Café Tortoni donde dicen que cantó Gardel. Allí conocí a tres portorriqueños con los que coincidí en el absurdo de las medidas de seguridad de los yanquis en los aeropuertos tras el 11 de Septiembre. Uno de ellos lo vivió en Nueva Yol y otro en Washington, como yo. Era como si nos conociéramos de toda la vida. Luego me mandaron las fotos y me dijeron: tienes un amigo en Puerto Rico.

El espectáculo estuvo bárbaro. Tango instrumental, tango cantado y bailado y tango, sobre todo, sentido. Al final compré el disco que habían hecho el maestro Guerrero y Nora, una de las cantantes, quien me lo firmó mecánicamente, como a un turista más. Al fin y al cabo, es lo que soy. La portada del disco es la vista de la ciudad de Buenos Aires desde donde vive Nora, al otro lado de un brazo del Río de la Plata. El disco también se llama “Desde el otro lado” También le pedí la firma al maestro Guerrero de quien me costó identificar la dedicatoria. “Con afecto” me dijo que decía.

Buenos Aires, hermana pequeña de Madrid, Roma o Paris de quienes tomó avenidas, fachadas y formas de vivir trata de salir de la pesadilla de la crisis, de no entender donde ni quién se quedó el dinero y de no poder tener lo que por derecho siempre pensaron que podrían tener.

Es 25 de mayo, día de orgullo patriótico en el país y de claro sabor político en la capital. Capital tranquila y amable aunque triste. Paseando por sus calles, decoradas todas con camisetas y banderas argentinas sentí la nostalgia de quien tuvo y dejo de tener, de quien tuvo un sueño que se convirtió en pesadilla, de quien se empeña en recuperar la ilusión todavía en estado de shock sin comprender muy bien porque la perdió y que razones tiene para recuperarla. Paseando por sus calles, digo, sentí el vértigo de quien está en un lugar del mundo muy particular, al final. Non Plus Ultra.

Y en esta ciudad que respira todas las contradicciones de nuestra sociedad capitalista, yo respiro todos los aromas de mis contradicciones personales. De quien se hace mayor viendo cómo el alegre y colorido cuadro que se dibuja en la infancia se va cubriendo de manchas, rayas y arrugas. Lo malo de la vejez no son las arrugas en la piel, es que nuestro cuadro se va quedando sin color, sin forma, sin marco y sin lienzo y vamos comprendiendo que no existe nada, que quizá solo fue un cuadro más sin comprender porque existió y quien lo colgó en esta pared que es nuestro cuerpo.

Estuve en Buenos Aires cuando tenía 10 años, hace 30. Entonces veía el mundo como algo grande, con sentido, amable aunque desconocido, algo por explorar. Ahora he explorado bastantes aspectos del mundo, de sus paisajes y de sus gentes. Para mí ya no es algo integrado, es cada vez mas pequeño, sin sentido, adusto aunque conocido. Un collage de recuerdos de lugares y de personas que conocí y en los que fui dejando parte de mi vida. Gratos recuerdos que solo tiene sentido revivir con quien también los vivió. Ese es el sentido de la amistad. Sin amigos no hay recuerdos que compartir. Es cuando morimos. Antes pensaba que en cada casa había un mundo apasionante. Ahora, en cada persona que pasea por Buenos Aires, que sirve en un bar, que reparte octavillas o que se prostituye, he descubierto una gran pena, una gran ausencia, un búsqueda de llenar el tiempo y una nostalgia de no llegar a ser lo que todos imaginamos ser de mayores. Envejecer es saber que ya no seremos otra cosa mas que lo que somos: esclavos de nuestras elecciones y de las consecuencias de nuestras acciones que pesan mas que la ley de la gravedad. Envejecer es tener cada vez mas cosas atrás y menos por delante. Envejecer es no tener entusiasmo, es llegar al hastío. Es haber tenido sueños y no haberlos conseguido. Es haber tenido sueños y haberlos alcanzado. Argentina está al final del mundo y Buenos Aires trata de vivir como si no fuera así.

En Buenos Aires vi muy pocos niños. Los que vi estaban buscando entre la basura o pidiendo en la calle. Otros, pocos, en los grandes centros comerciales comprando y comiendo lo que los demás niños de su ciudad no podrán comprar ni comer nunca. Estos países son el espejo de aumento en el que se refleja la sociedad occidental con todas sus contradicciones. Aquí somos capaces de ver lo que genera la riqueza: pobreza. Pobreza moral de quien ya no puede poseer más y enloquece del miedo que le produce perderlo y pobreza material de quien no tiene nada que tirar a la basura, sino algo que encontrar en ella. La otra cara de la moneda. Siempre hay otra cara de la moneda, la cruz. Nosotros preferimos llamarla la otra cara. Ellos, los pobres, solo ven la cruz y hablarán, seguramente, de la otra cruz de la moneda, que también lo es. Tampoco nosotros hablamos de crisis sino de corrección en los mercados. ¿Cuando sufrirán una corrección los nuestros? ¿Corregiremos nuestra vida entonces?

GF
Mayo 2006

Un Comentario »


  1. Gracia Díaz-Telenti 25-08-2009 - 11:03:22 GMT 1

    ¿Y si 'envejecer' fuera simplemente el argumento de la vida?

    Yo así lo creo.

    G.

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