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Categoría: Paisajes y paisanajes

CASINO

amigosdepeter 20/03/2009 @ 22:44

casino-lloret-01.jpg

Por Gabriel

Amanece una mañana luminosa en Managua. Una fresca brisa recorre la ciudad e invita a caminar ligero y animoso. Aunque el 11 de septiembre de 2001 comprendí que los cielos azules no anuncian siempre buenas noticias, a menudo lo olvido y, en esos días, me entrego al placer de caminar despreocupado. Como si todos los males del mundo hubieran sido alejados por esa fresca brisa y derretidos por aquel templado sol. Sonrío. Pienso que de nuevo todo está en su sitio. Camino. Hago planes. Creo sentir que la claridad del día ilumina mi mente. Perdono a enemigos y añoro a los amigos.

Absorto en mis pensamientos, no me percato de que alguien se ha parado delante de mí. De pronto, escucho una voz que me implora: señor, señor, en nombre de Jesús. Mi hija se ahoga, se muere, tuvo un ataque de asma y está en el hospital. Necesita urgente esta medicina. Dice mientras me extiende un papel blanco y arrugado en el que se ha escrito a mano “Ventolin”. Miro hacia abajo. Una menuda mujer con un bolso apretado al cuerpo me está mirando con intensidad mientras me habla.

El cielo sigue muy azul, el sol brilla muy arriba. El mundo debería seguir en su sitio. Asi que le pregunto cuánto necesita. Trescientos pesos señor. Hago rápido el cálculo, quince dólares. No puede ser, pienso. Tanto no tengo, miento. Tenga cincuenta.

La mujer toma mecánicamente el dinero, murmura algo parecido a gracias y se aprieta mas el bolso junto al cuerpo mientras comienza a alejarse de mí. Yo también continúo mi camino, pero mi mente se ha ensombrecido. Me asalta la eterna duda del donante callejero. Le dí poco? Le dí mucho? No lo tengo claro, pero pienso que le dí mucho. No la creo. No me gustó su mirada. Sin pensarlo, vuelvo sobre mis pasos y me dispongo a seguirla. Necesito ver en qué se emplea mi dinero. Investigar.

No se ha alejado demasiado, asi que la sigo durante un tiempo con la vista hasta que comienzo a caminar tras ella a una distancia prudencial. Parece que tiene claro dónde va. No titubea. No mira hacia atrás. De pronto, gira y comienza a subir las escaleras de un edificio. No alcanzo a verlo bien, pero imagino que es un supermercado al ser una especie de cubo blanco. Me aproximo mientras pienso que quizá me pidió dinero para comida, en lugar de para medicinas. Al instante, comprendo, mientras leo en grandes letras azules: Aladdin. Casino.

La indignación se cristaliza en rabia y se me nubla la mente. El corazón se me acelera, mis músculos se contraen. Aprieto los dientes. Pienso en entrar y gritarle, zarandearla, insultarla. Decido esperar a que salga. Al fin y al cabo, poco mas de dos dólares no pueden dar para mucho y es mejor esperar a que consume por completo su afrenta contra mi buena voluntad. Pero se va a enterar, de una u otra manera se va a enterar. Le voy a dar una buena lección.

Mientras espero en la puerta, junto al vigilante, leo en un subtítulo: “Aladdin, donde tus sueños se hacen realidad”. La decoración externa es poco elaborada, pero parece querer reflejar la opulencia que nos espera dentro. Cada dos ladrillos hay un símbolo de dólar y debe de haber mas de 5.000 ladrillos en cada uno de los lados del cubo.

Trato de relajarme y de pensar lo que le diré cuando salga. Mientras tanto, entran y salen mas señoras de aspecto vulgar. También entra un hombre con cazadora de cuero y bigote. No me relajo y solo se me ocurren insultos para lanzárselos como puñales cuando salga.

Efectivamente, los 50 pesos no dan para mucho y el objetivo de mi ira vuelve a aparecer por la puerta y comienza a bajar las escaleras con aire de indiferencia. Cuando llega a pie de calle me acerco a ella. ¿Aquí es donde compra las medicinas para su hija”?. Ahora es ella la que no había advertido mi presencia y me mira sorprendida. No me reconoce. ¿Que dice, señor?. Se lo repito tratando de dejar bien clara mi indignación y mirándola directamente a los ojos.

Es entonces cuando veo unos ojos extraños, que proyectan una mirada vacía, maligna, sin fe en nada ni nadie. Sorprendida pero en absoluto asustada, me dice mecánicamente que ya compró la medicina y que aquí vino a hacer un “mandado”. Miente, le digo apuntándola amenazante con el índice, y por su culpa mucha gente se quedará sin ayuda. Pero ya no me atrevo a mirar esos ojos extraños ni a pedirle los 50 pesos. Siento miedo. Un escalofrío me recorre el cuerpo mientras  comienzo a alejarme murmurando un váyase al infierno, hija de puta.

La mujer se aleja de mi y del casino a la misma velocidad que se aproximó, apretando el bolso contra el cuerpo y sin mirar para atrás. Sin correr. Yo me quedo de pie, inmóvil, asustado y confundido, tratando de adivinar dónde irá. Entonces pienso que la vida es un gran casino en el que todos tratamos de hacer trampas para que nuestros sueños se hagan realidad. Pero la banca siempre gana.

Los casinos, que se multiplican de manera indiscriminada e imparable por las ciudades de Centroamérica, se convierten en templos paganos que concentran todas las contradicciones y miserias del mundo que vivimos. Por un lado, son la mejor manera de blanquear el dinero que los ricos amasaron en actividades ilícitas. Por otro, es la única alternativa que los pobres perciben para alcanzar un mundo mejor. El poco dinero que tienen, piden o roban, no es para comer ni para comprar medicinas. Es para tratar de comprar, a bajo precio, un billete al mundo de lujo y bienestar de las telenovelas que ven, mediante un golpe de suerte que les cambie definitivamente el destino. Alcanzar sus sueños depende de las fichas de plástico que fabrican y venden los mismos que les condenaron a ese destino negándoles una oportunidad para poder prosperar mediante el trabajo. Probablemente este fenómeno no sea muy diferente al de los Bingos en España.

Mientras, en los infinitos casinos que florecen como oasis de lujo cutre en cada esquina de las ciudades mas miserables de la región, las máquinas, impertérritas, no paran de tragar fichas en forma de sueños y esperanzas depositadas por manos toscas, temblorosas y poco adornadas.

Falsas promesas, falsas historias, falsas ilusiones, dinero falso, mundo falso.

Managua, marzo 2009

Un dia en Bangladesh. En el paraiso de los barcos

amigosdepeter 27/02/2009 @ 17:18

Por Juan Echanove (www.juanechanove.blogspot.com) 

barcos-bangladesh.jpg

Los barcos en realidad no mueren: resucitan. Y lo hacen, como no podía ser de otra forma, a orillas de un río sagrado, el Ganges. Yo he estado en ese limbo náutico donde, tras recorrer los océanos del mundo, carcomidas naves de todas las banderas acuden a la llamada de la salvación. Allí son desmontados, limpiados, ensamblados de nuevo, pulidos y pintados. Curiosamente, ese paraíso de los barcos es un infierno de los hombres: en un mundo sin máquinas como es Bangladesh, absolutamente todo se hace a mano. Hacen falta cien hombres y doscientas manos para, a lo largo de ocho eternas horas, arrastrar un barco por los rieles, amarrado a una maroma de hierro, desde el río hasta el astillero.

Nurislam, un barquero de Dhaka al que conocí de forma totalmente casual, me condujo al dantesco mundo de los barcos olvidados sin que yo se lo pidiera. Decenas de ancianos, niños y jóvenes golpeaban con martillos el casco de los navíos para arrancar las conchas y moluscos adheridos, generando un estruendo monótono y terrible. Era como si un reloj gigante marcase los segundos con un tictac ensordecedor. Contiguo al enorme desguace de los barcos un caótico mercadillo ofrece a quien quiera comprarlos anclas al por mayor, hélices gigantes, motores grasientos, ojos de buey y demás porciones de barco.

Nurislam me acompañó después a la barriada de chabolas donde vive. Recorrimos los hediondos callejones saludando sin cesar a sus primos, tíos y demás familiares. Me invitaban a tomar té en sus casas, me ofrecían arroz con agua y leche, me mostraban sus chamizos mínimos, donde familias de diez personas se hacinaban en un camastro. Yo les mostraba fotos de mis hijos y ellos me decían el nombre de los suyos. La comunicación era completa, aunque no había ninguna lengua común entre nosotros. No pedían nada, no se quejaban de nada, solo me sonreían con esa satisfacción que a todo buen anfitrión le produce ejercer su hospitalidad. Su dignidad me conmovió. No tenían nada y lo daban todo. Al final de la tarde, después de cenar con Nurislam, su mujer y su hija, mi amigo me pidió un favor: quería acompañarme al Sheraton, a mi hotel, entrar unos segundos, verlo. Quería confirmar que existía otro mundo diferente al suyo. Se vistió con su  camisa más limpia, y juntos atravesamos la ciudad en tuk-tuk. Cruzamos el umbral del hotel y Nurislam se quedó estático contemplando la lujosa bóveda acristalada del salón de recepción. Al cabo de un rato bajó la mirada del techo, me abrazó entre lágrimas y emocionado me dijo “Thank you Juan, thank you, I asked Alláh for this to happen one day, and it has happened”. Luego se dio la vuelta y se marchó.

Rabinal Achí. El espíritu vivo del guerreo maya

amigosdepeter 04/11/2008 @ 23:53

Hace poco tuve la suerte de conocer a Luis Bruzón joven periodista que lleva ya largos años descubriendo y acercándonos la historia y los misterios de centroamérica. Aquí teneis uno de sus espléndidos reportajes

Rabinal Achí - El espíritu vivo del Guerrero Maya.

Antigua, la ciudad caprichosa

amigosdepeter 04/11/2008 @ 23:38

en Tu Aventura

arco.jpgLos volcanes de Agua, de Fuego y Acatenango, los mismos que hace siglos intentaron destruirla, hoy se rinden ante el esplendor de la ciudad. Antigua Guatemala, antaño escenario de procesos históricos convulsos, es ahora referente imborrable de paz, arquitectura colonial y mestizaje artístico.   

Cada año recibe oleadas de visitantes, nacionales y extranjeros, que sucumben ante el hechizo de sus ruinas y sus calles empedradas. De ellas emanan los colores vivos de un lugar mágico, que, a pesar de su importancia histórica, durmió en el olvido y la oscuridad durante largos años.

Antigua es hoy su nombre oficial, pero, en realidad, su primera denominación fue Santiago de los Caballeros. Así la bautizaron los españoles al fundarla en la primera mitad del siglo XVI. Llegaron al mando del temible Pedro de Alvarado, lugarteniente de Hernán Cortés. Fue el protagonista principal de la conquista y apropiación del Reyno de Goathemala, desde el que se gobernó toda Centroamérica, dentro del Virreinato de Nueva España, lo que hoy es México. Tampoco la ubicación de Antigua es la original.

Las insurrecciones indígenas y los embates de la naturaleza obligaron a trasladarla dos veces desde su primigenia fundación en 1524, cerca de lo que hoy son las ruinas de Iximché, antiguo asentamiento del Imperio Caqchikel.

Primero la llevaron a la población que hoy pervive con el nombre de Ciudad Vieja. Está a unos pocos kilómetros de Antigua, en el valle de Almolonga, a las faldas del imponente Volcán de Agua, el mismo que la sepultó con una gran avalancha de lodo en 1541 como consecuencia fatal de lluvias incesantes y temblores de tierra. Hasta entonces no se había llamado Volcán de Agua, sino Hunapuh, nombre de la mitología maya cuyo espíritu enfurecido pareció no resistir más la supremacía invasora.

Por entonces, Pedro de Alvarado ya había muerto, en México, en el fragor de los combates por sostener la ira indígena. Su viuda, la española Beatriz de la Cueva, se convirtió en gobernadora de Santiago de los Caballeros. Se dice que, embargada por el luto, decidió pintar de negro el palacio de gobierno. Por la tristeza que le produjo la pérdida de su marido y la desdicha de no recibir herencia alguna, firmaba los documentos oficiales con el seudónimo de “La Sin Ventura”, quizá anticipando su final, pues murió aplastada por la avalancha del Hunapuh, junto a sus doncellas.

En Ciudad Vieja todavía queda en pie un muro de aquel palacio. Una lápida reza que en ese lugar “murió doña Beatriz, junto a once damas de su corte”. Sin embargo, hubo quien sobrevivió a la catástrofe. Por ejemplo, doña Leonor, la primera mestiza de Guatemala, hija de Pedro de Alvarado y su primera esposa, la tlaxcalteca Luisa de Xicotencátl, quien, desde México, había acompañado al conquistador hasta Guatemala.

Restañadas en parte las heridas de la tragedia, en 1543 el valle de Panchoy acogió el nuevo y definitivo emplazamiento de la ciudad. Con el paso de los años, la capital de Centroamérica fue ganando en importancia y apogeo. Se diseñaron sus elegantes plazas y calles de trazado cuadriculado, se elevaron sus señoriales residencias, palacios, conventos, iglesias, la Catedral, la Universidad… el arte colonial emergió y el enclave se convirtió no sólo en referente político, sino también en un centro de gran riqueza cultural y religiosa.

Los volcanes de Agua, de Fuego y Acatenango respetaron la vida de la ciudad y cobijaron a personajes emblemáticos, leyendas de la historia de Guatemala, como Fray Pedro de Bethencourt, natural de Tenerife, cuya abnegación hacia los más pobres terminó elevándolo a Santo hace no muchos años. Pero la fuerza de la naturaleza todavía le tenía reservado un episodio dramático a Santiago de los Caballeros. En 1773 una serie de terremotos sacudió los cimientos de sus bellos edificios, y sus paredes y los ricos ornamentos que éstas albergaban fueron reducidos a escombros, enterrando, junto a decenas de cadáveres, los sueños de una ciudad floreciente que quedó desolada.

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Carta a Bolivia

amigosdepeter 02/10/2008 @ 00:39

tarija_088.jpgPor Gustavo Dávila

Con todo respeto a la opinión ajena, si lo que se quiere es una 'Bolivia hermosa' en donde todos seamos iguales ante el Estado, evitemos frivolizar y alimentar las diferencias. Si hay que criticar al gobierno por medidas discriminatorias, hagámos la crítica y evitemos lo demás.
 
Aprovecho para expresar un sentimiento que guardo desde hace mucho sobre el condicionamiento social de opiniones. Muchos critican mi punto de vista, de hecho ya mis más íntimos amigos lo hacen y creo que es porque la cosa está tan caldeada  en nuestro país que cualquier intento de neutralidad que salga de alguien como yo, que no es 'indígena' ni simpatizante de Evo Morales, es inaceptable. Lo aceptable, lo correcto, e incluso 'lo normal' es que yo esté total e incondicionalmente a favor de lo que digan los 'mios', aunque algunas veces lo que digan no me parezcan verdades absolutas; y por supuesto lo normal y aceptable sería que esté totalmente en contra de 'los que no son como yo', es decir; los indígenas, y seguidores de Evo Morales.
 
Estoy totalmente a favor de las autonomías departamentales y apoyo todos los esfuerzos que se hagan para conseguirlas en democracia, no quiero tardarme mucho en dejar claro esto para que no me encasillen donde no deben, pero ¿Por qué debería ignorar que muy probablemente hay intereses de grupos privilegiados, llamense logias, clanes familiares, políticos, gente con mucho poder en anteriores gobiernos o de mucho dinero no tan dígnamente obtenido, etc. que quieren las autonomías por razones ilegítimas?. ¿Por qué no puedo pensar que la forma en la que se está intentando llegar a las autonomías está errada porque pierde legitimidad al ponerla en la ilegalidad al igual que la constitución de Evo Morales? ¿Es que si estoy a favor de algo por cualquier razón, tengo que tapar todo lo que pueda desvirtuarlo aunque lo vea o lo sepa?. 

Opino, al igual que mucha gente, que Evo Morales tiene mucha responsabilidad en asfaltar el camino que lleva al país al enfrentamiento entre bolivianos, exacervando el odio entre las regiones a un nivel que nunca habíamos visto (aunque siempre nos tuvimos ganas), debido a la adopción de una postura beligerante mas que de un Estado conciliador que cumple con su rol. Sin embargo, no puedo evitar preguntarme: ¿Es Evo Morales capáz de ocasionar todo este lío él solito?. Quienes no estamos de acuerdo con su forma de gobernar y la forma en que discrimina a buena parte de los bolivianos ¿Estamos realmente interesados en que haya unión entre todos los bolivianos; indigenas y no indígenas, chapacos, cambas y collas? ¿Queremos eso de verdad? o ¿es nada mas un discursito ya gastado para que no nos tachen de racistas, porque no queremos reconocer que los primeros discriminadores siempre fuimos nosotros y lo seguimos siendo?. Al leer algunos mensajes que me envían, esas preguntas me parecen más que pertinentes.

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Tánger y alrededores

amigosdepeter 29/08/2008 @ 18:15

tn.jpgPor Cecilia Calvo

A la vuelta de estas mini-vacaciones que hemos pasado en Tánger con Yasmin (tangerina por los cuatro costados con los cuatro idiomas oficiales -uno por costado- incluidos de serie) y toda la familia El Harchi y, con la nostalgia y la pena de no haber podido alargar nuestra estancia un poquito más (siempre falta "otra semanita" pero, en este caso, nos han faltado dos ó tres), a falta de imágenes os escribo estas líneas para compartir un pedacito de la experiencia con vosotros.

Desde El Minzah, refugio atemporal y punto de encuentro de la alta sociedad tangerina desde el año 1923, hemos sido testigos privilegiados de la exuberante vida que late en Tánger. El zoco es un hervidero de gente yendo y viniendo: el aguador, que te ofrece un traguito de agua; el niño que viene y te invita a visitar el restaurante de su familia que tiene "el mejor cous-cous de todo Tánger"; los caracoleros que te venden un cucurucho de caracoles por unos dirhams; los santeros, que lo mismo te preparan un amuleto para espantar el mal de ojo, que un brebaje para curar la impotencia... ¡Y qué decir de las tiendas! Los puestos de especias, con los olorosos montoncitos multicolor pulcramente expuestos; los de túnicas cuidadosamente dobladas y organizadas por bordados y colores; los de collares; los de cerámica; los de alfombras; los de baratijas gafas y relojes; los de música árabe,... ¡Y el mercado! Con los puestos de higos, los de gallinas (atadas por las patas para que no se escapen); los de carne, sin otra refrigeración que el abanico del dueño; la lonja de pescado, con el género más fresco que he visto,...

Resumiendo: el zoco de Tánger es un espectáculo de idiomas, melodías, aromas, colores y sabores en el que merece la pena sumergirse.

La Medina y la Casbah, que es el alcázar, son un laberinto de frescas callejuelas que serpentean entre fachadas encaladas y maravillosos portones de madera tallados a mano y, en lo alto de la Casbah , está el mirador desde el que se disfruta de la mejor vista de todo Tánger y su bahía, y desde dónde se adivina el perfil de la costa española al otro lado del estrecho.

Desde el balcón de el Hafa, cafetín por excelencia de artistas y bohemios, hemos revivido la adolescencia de Yasmin viendo pasar la vida por delante en forma de petrolero y, entre fumadores de kif y bebiendo té a la menta, nos hemos dejado hechizar por la realidad atemporal de los tangerinos… Eso sí, sin mirar hacia abajo para no ver las excavadoras y máquinas que rompen la magia del lugar en el que se besan el océano y el mar hasta fundirse. ¡¡Ah!! Y atemporal solo durante un rato, porque Maiki Biro de El Harchi nos tenía preparados unos boniatos con carne a la marroquí, y no era plan dejar que se enfriaran.

La costa es un paraíso aparte. Kilómetros y kilómetros de playas vírgenes de una anchura increíble y arena finísima en las que, desgraciadamente, empieza a dejarse ver la ambición humana en su apariencia de especulación inmobiliaria.

No sabéis que pena da ver cómo se recortan ya algunas grúas en el horizonte y empiezan a crecer como setas las promociones "a pie de playa" (literalmente), que llegan a cerrar el paso a los lugareños a franjas enteras de costa que quedan atrapadas entre la construcción y el mar. A los que hemos tenido la desgracia de contemplar la salvajada que se hizo con la costa española, nos horroriza imaginar como puede acabar ese valioso tesoro tan poco valorado por abundante (las playas, además de vírgenes, están desiertas). Se ponen los pelos como escarpias pensando en esas aguas cristalinas que pronto van a conocer la contaminación de los domingueros (latas de cocacola, botellas de plástico, radios viejas, colillas,... ya sabéis que cualquier cosa acaba flotando en el mar sin contemplaciones).

En fin, ¡¡benditas vacaciones!!

Carta al niño de la Uruca

amigosdepeter 13/08/2008 @ 18:22

Por Campanilla

Todos los días, al ir por la carretera a la Uruca, el camino que te lleva a todas partes en San José, al parar en el semáforo en el que siempre hay que parar, ahí estás siempre, niño perdido.

Pequeño, medio cojo, no sé si porque verdaderamente lo eres o porque de tanto hacértelo ya no puedes evitar cojear. Con tu pelo negro y totalmente despeinado, nido de  microscópicos habitantes indeseados en tu pequeña cabeza, niño perdido.

Cabeza que encierra ese todavía inmaduro cerebro del que nada se, y que me imagino que ni tu sabes lo que piensa, si es que alguna vez piensa en algo más que en la miserable y triste vida que te ha tocado vivir o morir poco a poco. Y veo tus ojos enrojecidos, secos porque las lágrimas ya no salen, se han terminado. Ya no puedes llorar más, para qué. Las lágrimas muchas veces, no siempre, salen para llamar la atención pero, cuando no la llaman, prefieren no salir, niño perdido.

El otro día me fijé en tu nariz, me fijé de reojo. Mejor dicho, te miré de reojo, porque sinceramente no me atrevo a mirarte fijamente, es una mezcla entre dolor, angustia, impotencia, vergüenza y remordimiento. Un remordimiento que no me deja bajar la ventanilla y enfrentarme a ti. Esa naricilla que si hubieras nacido en una familia acomodada, sería la causante de muchos de los piropos que podrías haber escuchado en tu vida. Pero al tener la desgracia de haber sido concebido en un ambiente miserable, donde reina la pobreza, el sufrimiento, la soledad y la desesperación, se convierte en algo banal e invisible.

¿Sabes una cosa?, yo no es que me preocupe por ti, pero hay algo dentro de mí que se remueve cada vez que te veo jugándote la vida entre los coches para conseguir algunos colones o algo de comida, como te ha dado un señor de una furgoneta esta mañana. Lo has cogido, aunque no muy contento, la verdad. Hubieras preferido dinero, claro. Dinero seguramente para dárselo a tu madre, palabra que no se lo que significará para ti, ni para ella la palabra hijo, quizá sólo seais una  carga o una maldición el uno para el otro, junto a muchos otros con los que también teneis que repartiros la miseria que conseguís cada día en vuestro sucio mundo. A ella también se le fue el amor y las ganas de luchar junto a las lágrimas que ya tampoco le salen de tanto llorar, de tanto pedirle a Dios que se la lleve de aquí, donde sea, donde quiera que vaya cuando todo esto acabe, no será peor.

Y como te decía, algo se remueve por dentro cuando te veo día a día, jugándote la vida entre la marabunta de coches que te pasan rozando sin ningún tipo de remordimiento. Es más el problema que uno se busca con su conciencia que lo que significaría que un día algún coche sin darse cuenta, o dándosela, terminara con el infierno que te ha tocado vivir, niño perdido.

¿Qué pasaría entonces?, sería una desgracia, la gente se echaría las manos a la cabeza. Habría incluso gente que te ve todos los días, como yo, que derramaría alguna que otra lagrimilla. Porque sí, a nosotros, a la gente de vida fácil, sí nos salen las lágrimas, y tenemos la suerte que siguen con nosotros para llamar la atención y  acallar nuestras conciencias. Fíjate! pobrecilla la chica esa, como se emocionó cuando vió al niño volando por los aires atropellado por un coche que venía algo más rápido de lo normal y se saltó el semáforo, diría la gente que me viera parada delante de tu cuerpecillo sucio, tullido y tranquilo, por fin tranquilo. Algo que no habías estado desde que tu madre te engendró.

Porque ella nunca te dejó tranquilo, esas descargas de ira, tristeza, ansiedad, esas sustancias que a falta de una buena alimentación corrían por su cuerpo alimentando tus células, todo eso desde el primer momento que tu vida empezó a brotar ha sido lo que no te ha dejado tranquilo nunca. Bueno sí, aunque no del todo, cuando te perdías en los vapores de ese tu mejor aliado, la cola, el pegamento, el crack (si alguien te invitaba), te sumía en una tranquilidad intranquila hasta la mañana siguiente, con la que podías combatir el frío, el miedo y la tristeza de tu existencia.

¿Qué pasaría entonces, niño perdido?, ¿qué pasaría si de la noche a la mañana desaparecieras del paisaje fugaz de nuestras vidas en la selva de asfalto?. Nada, no pasaría nada. Después de un pequeño desasosiego momentáneo causado por el espanto del momento, te borrarías de nuestras mentes para siempre. Es más, serías un estorbo menos en nuestras conciencias, quedaríamos liberados de la carga de tu presencia diaria, de ese desasosiego pasajero. Nos despediríamos para siempre de esa mirada suplicante, implorante, de esa mirada de niño, de niño de nadie.

Paisanajes de Managua. Henry

amigosdepeter 06/08/2008 @ 05:59

taxi-managua.jpg Por Gabriel

Henry conduce un viejo Toyota blanco por las calles de Managua, uno de los muchos taxis que circulan por esta ciudad. Una mañana, aparece para recogerme tras pedir un taxi en el hotel. Mientras conduce, mira continuamente por el retrovisor y trata de entablar conversación. Me cuenta que desde hace algunos meses ya no hay apagones y que a los taxistas les subvencionan una gasolina de origen venezolano. El piensa que es lo mejor que hasta el momento ha hecho el gobierno del FSLN que, según sus palabras, "supuestamente apoya a los pobres". Lo malo de esa gasolina es que daña el carburador y hay que ponerle aditivos. LLego a mi destino, me pide 80 Córdobas (unos 4 dolares) y le ofrezco 70. Como no tiene cambio de 100 me queda a deber la vuelta. Me da su tarjeta y me dice que me lo dará en el hotel. Obviamente, yo doy por perdido mi dolar de más.

Dos dias después lo encuentro en la puerta del hotel cuando salia hacia un sitio cercano. Me ofrece llevarme y saldar la deuda. Me dice que conoce bien el lugar (un restaurante español) pero que nunca ha entrado por ser de los mas caros de la ciudad (unos 15 dolares por persona según comprobé luego). Al dia siguiente lo vuelvo a encontrar por la mañana en el hotel y me cuenta que hace turnos de vigilante por la noche para completar lo que gana con el taxi. Se ofrece a llevarme por la mañana a todos los sitios que vaya a pesar de que ya lleva mas de veinte horas sin dormir. Entonces me entero de que tiene un hijo de dos años que lleva dos dias con calentura (fiebre) y que le han dicho que podria ser dengue. También me dice que paga 70 dolares al mes de alquiler por su casa, en un barrio en el que las bandas rivales provocan balaceras con frecuencia, y que su sueño es comprarse un coche que le sirva como taxi pues éste es alquilado.

Por la tarde, de vuelta al hotel, me informa de que su hijo está mejor, que está fresco y que, aunque le gusta la cerveza, hace al menos dos semanas que no la toma. Le pregunto porqué, con poca convicción en la pregunta, y me propone irnos a tomar "unas toñitas". Primero se detiene en un sitio elegante pero le insto a que continúe hacia algún lugar más popular donde lo importante es que la cerveza esté bien fría. En eso estamos de acuerdo, y así llegamos al bar Edén, una carpa verde bajo la que se encuentran mesas y sillas dispuestas de manera desordenada.

Aconsejado por él, pedimos un litro de cerveza, que sale mucho mas barato y, como yo no habia comido, pido también unas alitas de pollo. Mientras damos buena cuenta de la cerveza, efectivamente bien fría, entro de lleno en la realidad de la mayoría de la población de Nicaragua. Todo lo que llevo leyendo en sesudos y abstrusos informes durante cinco dias, se me hace claro como el agua durante la conversación. Henry nunca conoció a su padre y su madre decía que en la escuela perdía el tiempo y que tenía que salir a la calle a vender periódicos o lustrar zapatos para ayudar en casa. Así que apenas sabe escribir y leer y se lamenta de que eso le impedirá siempre trabajar en algo mejor remunerado.

Pero él no se resigna, no es ningún vago y poco a poco irá saliendo adelante. Asi que trató de pedir crédito a varios bancos para comprarse una parcela donde construir su casa, pero todos se lo negaron por no tener nada con lo que avalar. Su madre tampoco le adelantó el dinero pues su actual novio, que "anda plata", la utiliza en otras cosas. Asi que fueron los dueños del hotel quines le adelantaron "los reales" que necesitaba. Él se sigue sorprendiendo de que lo hicieran sin conocerle de nada, aunque ahora tenga que devolver ese dinero, poco a poco, trabajando también los sábados y domingos por las noches. 

Así que ya tiene su parcelita de unos 100 m2, sin titulo de propiedad, en una zona en la que las calles no están asfaltadas y no llega el agua ni la electricidad, pero tiene su parcelita. Ahora, cuando puede, compra bloques de cemento y va construyendo las paredes poco a poco. El tejado de zinc tendrá que esperar, pues este material es mas caro. Así, con lo que gana del taxi y de vigilante, paga la deuda de la parcela, mantiene a su familia y va construyéndose la casita. 

Pero ahora está empeñado en comprarse un coche porque no quiere seguir pagando por algo que nunca será suyo y de nuevo no encuentra quien le preste 4.000 dolares. Y para colmo, un cliente con el que estuvo cuatro dias llevándolo y trayéndolo, se marchó del hotel sin pagar. Seguramente no se acordó, así que estos días además tenía que pagar esas jornadas de taxi que le debía al dueño, aunque él no las hubiese cobrado. Con lo que yo le pagué por los viajes (que fueron bastantes en dos días) consiguió pagar tres cuotas. .

Pedimos otra botella de cerveza más y, tras pagar los tres dolares de la cuenta, me confiesa que la única solución a su situación es marcharse a Estados Unidos y trabajar pegando suelos y techos, que eso si sabe hacerlo, hasta que ahorre lo suficiente para volver. Mientras me lleva de vuelta al hotel, ambos vamos en silencio. Yo pensando en lo fácil que es entender el ciclo de la pobreza y lo difícil que es romperlo, sobre todo a base de sesudos y abstrusos informes como el que yo estoy haciendo y él, él no se muy bien lo que iría pensando...

GF Agosto 08. Managua

Nombela

amigosdepeter 26/07/2008 @ 10:10

nombela.jpgPor Gabriel

Hoy, 25 de julio, fiesta de Santiago, Patrón de España, yo me acuerdo de Nombela, el pueblo natal de mi abuela Amparo. Nombela es el pueblo de España más alejado del mar, pertenece a la comarca de Torrijos, en la provincia de Toledo, apenas tiene árboles y en él viven algo mas de novecientas personas. Pero Nombela es Villa desde el Siglo XVI y era el lugar mas bello del mundo para mi abuela, que solo vivió en él hasta los 16 o 17 años, cuando conoció a mi abuelo, orignario de Cuevas de la Almanzora, en Almería.

Aún recuerdo la guasa de mi familia cuando un día, tras una breve estancia en nuestra casa de París, al llegar como todos los años a pasar el verano en su pueblo, mi abuela volvía a emocionarse como una niña al ver desde la carretera la torre de su iglesia. Pero mirad que bonita es, si es que no hay otra igual, decía con su voz cantarina y su alegría renovada y desbordante como cada vez que doblaba la penultima curva del camino el coche que conducía alguno de sus hijos. Sí, nada que ver con Nôtre Dame, dónde va a parar... decía divertido mi padre. Mientras tanto, mi abuelo, se ajustaba con parsimonia el sombrero y se volvía a admirar de cómo avanzaba la técnica y los coches eran capaces de recorrer más de 90 kilómetros en poco más de una hora. Lo decía con gran asombro y admiración por el coche y el conductor. Para él todo aquello siempre tuvo algo de mágico y misterioso.

Y es que el 25 y 26 de Julio, Santiago y Santa Ana son las fiestas de Nombela. Y en esas fechas, durante muchos años, no hubo excusas que valieran para no ir a llenar la gran casa que mis abuelos tenían en la plaza del pueblo, frente al famoso rollo establecido por su condición de Villa. Y allí, bajo la canícula del verano castellano, solíamos juntarnos muchas veces casi toda mi familia paterna que por residir cada uno en lugares distintos de España y el mundo en raras ocasiones se reunía. Pero la vehemencia y entusiasmo con que mi abuela hacía la convocatoria no dejaban opción que no fuera la fuerza mayor. Algunos iban solo a comer, otros se quedaban también a cenar y a dormir el 25 y mi hermana y yo, normalmente nos quedábamos unos días allí, a "disfrutar" de las fiestas.

Y es que recuerdo que, para mí, el peor momento para visitar aquel lugar era el de sus fiestas. No había ni un momento de tranquilidad. Mi abuela, de proceder acobardado y timorato en Madrid, allí estaba hiperactiva. Organizaba con diligencia todos los detalles de la compra: los huevos, en Fulanito, el pan, en Menganito, la carne, en Zutanito...repartiendo juego para que nadie se molestara. Llamaba a dos o tres señoras para que la ayudaran a encalar la casa, cortar la alta hierba del patio y hacer comida para todos, iba a la peluqiería y, a las 12 menos cuarto en punto, pasaba revista a todos para que fueramos a la misa como Dios manda, como si fuéramos a una boda o a una comunión. Yo siempre tenía que mejorar algo de mi aspecto: los zapatos, la camisa, el pelo con colonia...Y así esperábamos a que pasara la comitiva de unas cuarenta personas por delante de la casa con la imagen de "Santiago Matamoros" al frente y Santa Ana detrás. Y salíamos de la casa en pequeña procesión que se sumaba a la "grande". Quince minutos después ya estábamos en la iglesia, abarrotada ese día, con los ventiladores a tope y cientos de abanicos golpeando rítmicamente el pecho de las señoras. Los hombres, en la parte de atrás, vestidos de domingo riguroso y mirando repetidamente al techo con las manos cruzadas detrás de la espalda. Durante muchos años estuve delante, con las mujeres, pero un año me solté de la mano de mi madre, me fui detrás y no me arrodillé durante la consagración. Son esos pequeños gestos que haces sin mucha convicción para sentirte mayor pero que producen cierta nostalgia. 

Luego, todo sucedía muy deprisa: ir a ver a un montón de "tíos" y "primos" que apenas conocíamos(eran visitas breves, pero en todas nos ofrecían algo de comer y beber); comer todos juntos en la casa filetes rusos, albóndigas o pollo en pepitoria; echarse la siesta, ver a mas "tios" y "primos" y prepararse para la temida noche: tiro al blanco con escopetas trucadas, tómbolas imposibles, petardos por todos lados, baile y fuegos artificiales en dudosas condiciones de seguridad. Por cierto que, muy hábilmente, mi abuelo se quedaba tranquilamente en el patio trasero de la casa con un cubo de agua por si caía una caña incandescente y quemaba el rastrojo seco. El fin de fiesta normalmente era no pegar ojo ya que, al estar la casa en la plaza, el sonido de las tómbolas, las atracciones y los petardos, unido al insoportable calor hacían imposible dormirse hasta la madrugada. Al día siguiente, todo empezaba a mejorar: churros para desayunar, mañana mas tranquila y a veces excursión a la finca de La Raña o al río Alberche para bañarnos. Y así. los siguientes días hasta que abandonábamos a mis abuelos y al pueblo.

Ahora, después de mucho tiempo, recuerdo esto y me pregunto cómo serán las fiestas de Nombela, ahora que ya no está mi abuela para convencer a todos de que son las mejores fiestas del pueblo mas bello del mundo. Y mientras lo recuerdo, me acuerdo de ella, y siento, como siempre, no haberle dicho nunca que sí, que su pueblo era el mejor,  porque estaba ella, y por ella hacíamos cualquier cosa. Yo hasta gané un plato de Talevera con una granada pintada (su fruta favorita) en una tómbola, y ahí sigue colgado de la pared del zaguán de la casa que ahora está cerrada también el 25 de julio.

GF Julio, Managua

No a la Marina de Puerto Viejo!!

amigosdepeter 07/07/2008 @ 23:15

Puerto Viejo, es un pequeño pueblito del Caribe sur de Costa Rica que hasta ahora ha compaginado su desarrollo con un turismo a pequeña escala amante del surf y de la música reggae. La economía de la zona se sigue basando en la pesca artesanal y los pequeños establecimientos de hosteleria que dan servicio a los turistas,fundamentalmente europeos, que se acercan a la zona. No hay grandes resorts, paseos maritimos ni yates. El vehiculo oficial es la bicicleta; la comida, el rice & beans; y la vestimenta, el traje de baño y el t-shirt. Por el dia se surfea o se pasea por la playa y, por la noche, se escucha musica reggae en vivo en el puñado de locales que se encuentran a los lados de las no mas de diez calles asfaltadas del pueblo. Rastafaris, europeos conversos a la religión del "dolce far niente" y pequeños emprendedores muy identificados con la cultura local como nuestroa amigos Pepo y Sonia conforman un paiseje humano y urbano de lo mas cosmopolita y ensimismado en su tranquilidad. Todo ello lindando con la selva tropical de tierra firme y el arrecife de coral que se encuentra a pocos metros de la orilla y produce las tan reconocidas y apreciadas olas de Salsa Brava.

Sin embargo, hace nueve años que un gran proyecto turistico denominado "Marina Ecológica New World" amenaza este ecosistema singular. Gran parte de la población local está en contra, pero parece que la Muncipalidad de Talamanca, a la que pertenece Puerto Viejo, ya ha dado los permisos pertinentes. Los promotores del proyecto hablan de generación de empleos y de desarrollo económico, los detractores de la iniciativa, temen que Puerto Viejo no vuelva a ser nunca lo que fue si finalmente se construye la marina. 

En varias ocasiones he tenido oportunidad de sorprenderme agradablemente ante la convicción y el empeño de muchos costaricenses por conseguir un modelo de desarrollo y de turismo alternativo, respetuoso con la naturaleza y con la gente, no solo con el dinero que genera. Ojala los poderes públicos en Costa Rica no sigan haciendo oidos sordos a ese sentimiento pupular. 

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