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Categoría: Cuentame un cuento

FLOTADOR

amigosdepeter 14/03/2010 @ 20:44

Siempre ha ocurrido de la misma forma: lo intento, no lo consigo, alguien me salva.

Debía de tener cinco o seis años. Debía ser agosto. Era una mañana muy calurosa en Mojácar. Estábamos en la terraza de un hotel. Mi hermana y yo nos habíamos tirado a la piscina acompañados de nuestros flotadores. LLavábamos ya algún tiempo desplazándonos de un lado al otro de la piscina bien agarrados a nuestros clásicos "roscos". La piscina era profunda.

Después de un tiempo haciendo lo mismo, uno inventa. Después de un tiempo en el que el anunciado peligro no se concreta, uno pierde el miedo. En un instante, mi hermana levantó los brazos y se quedó flotando en el agua como por arte de magia. La imágen me deslumbró.

Tenía miedo, pero algo me decía que debía imitar aquél gesto valiente y desafiante. Sin pensar mucho, me solté del flotador y alcé los brazos. Inmediatamente, comencé a hundirme. Primero ví el flotador que quedaba en la superficie del agua mientras yo descendía. Luego, vi burbujas que subían desde mi nariz. Me pareció que la profundidad era infinita y aún no entendía porqué no me había quedado flotando sobre el agua, como mi hermana.

Instintivamente, agité violentamente los brazos con el fin de agarrarme a un flotador cercano. El niño que flotaba sobre él, remó hacia atrás alejándose de mí, dándome patadas. Se protegía. Volví a ver las burbujas que subían, ya sin fuerzas. Vagamente, pensé en la  muerte.

De pronto, noté que mis pies tocaban algo sólido. Al poco, emergí a la superficie y respiré. A mi lado, un hombre de aspecto extranjero me sostenía en sus brazos. En el agua, flotaban sus zapatillas, cerca de mi flotador, vacío.

Me sacó del agua. Mi madre venía corriendo. Me abrazó temblando y me dijo que le diera las gracias al señor, que me había salvado la vida.

Aunque en aquél momento no podía saberlo, aquél episodio marcó mi vida. Por un lado, las cosas no me saldrían nunca como yo quería, pero, por otro, la suerte estaría de mi lado.

Y así sucede siempre. Cuanto más intento algo, menos lo consigo. Cuanto mas corro, menos avanzo. Cuanto mejor quiero hacerlo, mas lo estropeo. Pero, de pronto, aparece alguien, ocurre algo que, misteriosamente, me da lo que quería. Sin esfuerzo, sin merecimiento, sin complicaciones.

Y así camino, entre la permanente frustración personal y el asombrado agradecimiento a todos aquellos que me han ido salvando de cada uno de mis continuos fracasos.

Y unos días me pregunto si la suerte vendrá si no lo intento, si simplemente la espero. Otros días me pregunto si algún día mereceré lo que tengo. Otros, tengo miedo a perder la suerte.

Y sigo intentándolo, capaz de todo, seguro de nada. Levantando los brazos, abandonando el flotador, confiando en tí.

GF Madrid. Marzo 2010

Los reyes magos vienen para quedarse

amigosdepeter 05/01/2010 @ 11:51

Recuerdo el olor de aquella charcutería a la que nos llevaba nuestro abuelo los cinco de enero, tras ver la cabalgata desde el balcón de la casa de unos señores que no conocíamos y que no conocimos nunca.

Recuerdo el dulce sabor del jamón dulce que nos daba a probar aquél hombre afable de impecable delantal y gorro blanco mientras nos daba un cachete en los mofletes .

Recuerdo las tiendas abiertas a las nueve de la noche, mientras corríamos muertos de frío por las calles llenas de luces del centro de Madrid.

Recuerdo la caldera rebosante de carbón al rojo vivo mientras cenábamos a toda prisa una tortilla francesa con jamón.

Recuerdo mirar por la ventana sin parar. Algo mágico sucedía ahí fuera. Todo era diferente a los días normales. La noche del cinco de enero no era una noche normal. Todo era posible esa noche.

Recuerdo cerrar los ojos con fuerza para dormir a la fuerza. El mundo giraba iluminado como un alegre y bullicioso carrusel en medio de un inmenso universo silencioso y oscuro.

Recuerdo un nudo en el estómago al levantarme, de noche aún. Recuerdo no querer mirar al abrir la puerta del salón.

Recuerdo la inevitable decepción al ver los secretos en forma de vulgar juguete por fin revelados.

Recuerdo pensar que los reyes magos habán tardado mucho en llegar, y en un momento se habían volatilizado. Que habíamos seguido durante días su travesía hasta nuestra casa y que a nadie le preocupaba ya como volverían a oriente.

Recuerdo el sol entrando por la ventana, el roscón en la mesa y el suelo lleno de piezas, cajas, plásticos y papeles de regalo.

Las navidades habían terminado. Ese paréntesis artificial de magia e ilusión se había esfumado una vez más. En el colegio se encargarían de recordárnoslo con nuevos cuadernos llenos de deberes. ¿Donde estaban ahora los reyes?

Desde entonces, prefiero el anochecer al amanecer, lo posible a lo factible, la luz natural a la luz artificial, un abrazo desnudo a un regalo bien envuelto, lo bueno por conocer a lo malo conocido.

Queridos niños, los reyes no son los padres. Los reyes no vienen cargados de oro y se van dejando desperdicios y cacas de camello. Hay sobradas evidencias de que vinieron, pero ninguna de que se volvieran.

Esta noche no dejaré escapar de nuevo a mi rey mago. Esta noche será como todas las del año. Cerraré con fuerza los ojos para dormir a la fuerza. Me levantaré con un nudo en el estómago. Abriré tembloroso el regalo maravilloso de un nuevo día. Sin instrucciones, sin plásticos, sin pilas, sin falsas esperanzas.

Me ha costado descubrirlo, pero esta noche volverá a ocurrir. Al amanecer, me miraré al espejo y me vestiré de rey. Durante todo el año regalaré mi magia a todo aquél que crea en ella.

¿Juegas conmigo?

GF 5 enero 2010

Sandwich cubano

amigosdepeter 24/09/2009 @ 18:38

Enviado por Lillian Tom

Un estudiante americano de visita en la Habana compró, en la tienda para turistas, un sándwich cubano especial de lujo: Un pedazo de pan francés de casi un pie de largo con lascas de lechón asado, jamón serrano y york, queso suizo, mantequilla, pasta sazonada, pepinillo y rojas y grandes rodajas de tomate ....

Con su sándwich y una Cola en mano, se fue a comer cerca de las azules aguas frente al Meliá Cohíba, donde se hospedaba.. Apenas había comenzado a comer su apetitoso 'lunch' cuando ve a un jóven cubano que pasaba por el lugar. El cubano llevaba también un sandwich, el llamado 'pan con timba' hecho con un pedazo de pan, chiquito, con dulce de guayaba, c omprado en un timbiriche de la calle Paseo.

El joven cubano saboreaba lentamente su pan con timba para que le durara. El americanito le dice :

'Sabes, nosotros en Estados Unidos estamos maravillados de la agilidad mental de ustedes los cubanos. Todos saben jugar ajedrez, se conocen las reglas del baseball y de otros deportes, tienen una gran memoria y conocimiento sobre los principales eventos históricos, casi todos hablan dos o más idiomas y saben un mundo de geografía y política internacional. Resultan increíbles en sus avances en las ciencias, inventan vacunas sintéticas... ¿Cuál es el secreto?'

El joven cubano, mirando el sandwich le dice:

'... Bueno, le voy a confesar nuestro secreto, pero que quede entre nosotros. ¿Ve este pedazo de pan que tengo aquí? Dentro tiene dulce de guayaba, de una variedad endémica de guayaba que solo crece en Cuba . Es elaborado con azúcar prieta de Cuba .
Hace muchos años los científicos soviéticos descubrieron que la caña que se cosecha en Cuba tiene unas moléculas con protones radiactivos que pasan por ósmosis al azúcar prieta, los cuales al combinarse con una sustancia activa intrínseca de los componentes de isotrones de la guayaba que una vez que llegan al cerebro a través de la microcirculación sanguínea producen un efecto súper energizante y estimulan las células cerebrales de la sustancia gris, en especial en las secciones de actividad mental y memoria inmediata, con los resultados fabulosos que mencionaste.. Ese es nuestro secreto.'

El americano, con mucho interés, le pidió probar un pedazo del dulce. El cubano le dijo:

'Bueno... como muestra de solidaridad y amistad por haber venido a Cuba, rompiendo las férreas restricciones del bloqueo, voy a hacer algo mejor por ti: Te cambio el pan con guayaba y dulce de caña por ese 'sándwich' que te estás comiendo el cual, dicho sea de paso, está lleno de sólidos grasos de origen animal, colesterol y triglicéridos, que endurecen las arterias y son las causa fundamentales del infarto del miocardio, causa primaria de muerte en la población de los Estados Unidos'.

Con un gesto precipitado el gringo le extendió su sándwich al criollo, quien enseguida se lo intercambió por su pan con dulce.

El cubano le entró al sándwich de tal forma que en tres bocados había llegado a la mitad del mismo. Por su parte el americano se iba comiendo lentamente el pan con timba, porque la verdad que estaba un poco duro y el dulce algo rancio.

Al cabo de unos minutos dice el americanito:

'Tengo la impresión de que saliste ganando con este intercambio'.

A lo que el cubano le contestó:

'¡¡¡ COÑOOOO - BÁRBARO, CHICO !!! ...Ves ? ... ¡Ya te están haciendo efecto en el cerebro LOS PROTONES de las molécula de la caña de azúcar y los ISOTRONES de la guayaba. ¿ No te lo dije ?...Sigue, sigue masticando...

Silencio, brisa y cordura

amigosdepeter 12/05/2009 @ 20:14

Por Juan Echanove

Anoche la luz de la mañana entró en tu habitación por última vez. Te has ido un día cualquiera, sin saber qué hora es.

Te has marchado en una décima de segundo, como una ráfaga de aire frío. Eras una incógnita que faltaba por despejar.

Nunca comprendiste la velocidad del tiempo. El abismo te acompañaba siempre, sentado al borde de ti.

Andabas hacia ningún lugar y ahora las sombras se han fundido con la tuya.

Nos dejas, Antonio, tus canciones, y la tristeza en el bolsillo; tristeza de nieve, huracán y abismos.

Has partido hacia el lugar donde encontrarás el sol, allí donde crecen las semillas de lo absurdo y lo genial, y donde, con los ojos cerrados, se divisan infinitos campos.

Ha muerto Antonio Vega, y con él, una parte de nuestra juventud.

http://juanechanove.tk

BIOLOGÍA MARINA

amigosdepeter 06/05/2009 @ 04:57

Por Mar Fernández

Me llamo Mar. No me dedico a la biología marina por llamarme así, sino porque mi madre ya llevaba este nombre tan oceánico y poco común allá por los años sesenta, cuando nací.

En la adolescencia dudé entre ciencias o letras, pero entre tantas opciones posibles elegí la biología. Y la especialidad de marina porque para mí nunca existieron paisajes más bellos que los fondos marinos que Jacques Cousteau traía a la televisión de mi casa, ni nada simbolizó mejor las ansias de libertad que por edad me correspondían como esa masa de agua salada que cubre la mayor parte de la superficie de la Tierra (como dice la Real Academia Española de la Lengua), y resulta tan fascinante (como añado yo).

Al principio de mi decisión hube de navegar varios años por distintas universidades, sorteando la escollera de exámenes que invariablemente se me presentaba cada trimestre y claro, disfrutando de los períodos de “sol y moscas” en la cubierta de los períodos sin parciales. Con varios años de ciencia en el aula no habían menguado mis ganas de "mojarme" (y nunca mejor dicho), así es que me propuse (y conseguí) ir encadenando embarques y empaparme (¡qué ganas de agua!) de todo lo que sólo en la mar se aprende.

Sin lugar a dudas, mis mayores aventuras han estado siempre asociadas a mi participación en alguna campaña de investigación oceanográfica Siempre vuelvo con algunos kilos menos en el cuerpo, pero con la agenda llena de hipotéticos amigos de países y pensamientos ajenos a los míos. Y en la mochila siempre traigo cualquier objeto insólito “pescado” en mercadillos de los puertos pesqueros donde embarcaba o desembarcaba.

Terminé optando a la plaza de bióloga marina que ahora ocupo y que motiva mi presencia aquí, frente a Cabo Blanco, en aguas del Atlántico Centro Oriental.

Han pasado ya diez días desde que salimos del puerto de Las Palmas de Gran Canaria, y sólo cuatro desde que abandonamos nuestra escala en Agadir.

Podría pensarse que en la mar, lo más cambiante es la tierra (cuando la costa está lo suficientemente próxima, claro): no es igual percibir las siluetas volcánicas de las cumbres canarias recortándose en el horizonte que distinguir entre la bruma los kilómetros y millas de costa baja, rocosa, parduzca, sahariana. Además, el discurrir de las estaciones deja marcas inequívocas en las costas de latitudes templadas.

Pero después de tantas horas navegando, los hombres de la mar me han enseñado a distinguir los muchos matices de azul, de verde, de marrón, o incluso de rojo que caben en el océano. Rojo. Sí, he dicho rojo, rojo sangre, y si no me creéis, preguntad en el puerto de La Atunara por el color del mar cobrando atunes de derecho o de revés en la almadraba. Lo bueno es que los matices marinos nunca permanecen, siempre cambian, por lo que única y exclusivamente pertenecen a quien los aprecia.

En cambio, la costa es tan previsible e inmutable que el ojo avezado del capitán siempre distingue el accidente geográfico o urbanístico que identifica la línea de costa frente a la que estamos. Claro que últimamente los promotores inmobiliarios de todo tipo alteran con bastante celeridad el paisaje litoral, de modo que los niveles de siniestralidad urbanística en cualquier lugar de la costa son ahora elevadísimos. Y no me habléis ahora de los GPS, porque sí, existen, se usan constantemente y aportan una precisión envidiable a nuestros transectos pesqueros, pero la verdad es que los auténticos marineros (tengo la suerte de conocer y haber conocido a muchos) no los necesitan para auscultar el corazón de esas aguas que conocen playa a playa, bajío a bajío, de cabo a bahía.

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El cuento de Nasrudin o la perversión del cálculo

amigosdepeter 30/03/2009 @ 01:17

De entre todos los pueblos que el mula Nasrudin visitó en sus viajes, había uno que era especialmente famoso porque a sus habitantes se les daban muy bien los números. Nasrudin encontró alojamiento en la casa de un granjero. A la mañana siguiente se dio cuenta de que el pueblo no tenía pozo. Cada mañana, alguien de cada familia del pueblo cargaba uno o dos burros con garrafas de agua vacías y se iban a un riachuelo que estaba a una hora de camino, llenaban las garrafas y las llevaban de vuelta al pueblo, lo que les llevaba otra hora más.

"¿No sería mejor si tuvieran agua en el pueblo?", preguntó Nasrudin al granjero de la casa en la que se alojaba. "¡Por supuesto que sería mucho mejor!", dijo el granjero. "El agua me cuesta cada día dos horas de trabajo para un burro y un chico que lleva el burro. Eso hace al año mil cuatrocientas sesenta horas, si cuentas las horas del burro como las horas del chico. Pero si el burro y el chico estuvieran trabajando en el campo todo ese tiempo, yo podría, por ejemplo, plantar todo un campo de calabazas y cosechar cuatrocientas cincuenta y siete calabazas más cada año."

"Veo que lo tienes todo bien calculado", dijo Nasrudin admirado. "¿Por qué, entonces, no construyes un canal para traer el agua al río?" "¡Eso no es tan simple!", dijo el granjero. "En el camino hay una colina que deberíamos atravesar. Si pusiera a mi burro y a mi chico a construir un canal en vez de enviarlos por el agua, les llevaría quinientos años si trabajasen dos horas al día. Al menos me quedan otros treinta años más de vida, así que me es más barato enviarles por el agua."

"Sí, ¿pero es que serías tú el único responsable de construir un canal? Son muchas familias en el pueblo."

"Claro que sí", dijo el granjero. "Hay cien familias en el pueblo. Si cada familia enviase cada día dos horas un burro y un chico, el canal estaría hecho en cinco años. Y si trabajasen diez horas al día, estaría acabado un año."

"Entonces, ¿por qué no se lo comentas a tus vecinos y les sugieres que todos juntos construyáis el canal?"

"Mira, si yo tengo que hablar de cosas importantes con un vecino, tengo que invitarle a mi casa, ofrecerle té y halva, hablar con él del tiempo y de la nueva cosecha, luego de su familia, sus hijos, sus hijas, sus nietos. Después le tengo que dar de comer y después de comer, otro té y él tiene que preguntarme entonces sobre mi granja y sobre mi familia para finalmente llegar con tranquilidad al tema y tratarlo con cautela. Eso lleva un día entero. Como somos cien familias en el pueblo, tendría que hablar con noventa y nueve cabezas de familia. Estarás de acuerdo conmigo que yo no puedo estar noventa y nueve días seguidos discutiendo con los vecinos. Mi granja se vendría abajo. Lo máximo que podría hacer sería invitar a un vecino a mi casa por semana. Como un año tiene sólo cincuenta y dos semanas, eso significa que me llevaría casi dos años hablar con mis vecinos. Conociendo a mis vecinos como les conozco, te aseguro que todos estarían de acuerdo con hacer llegar el agua al pueblo, porque todos ellos son buenos con los números. Y como les conozco, te digo, que cada uno prometería participar si los otros participasen también. Entonces, después de dos años, tendría que volver a empezar otra vez desde el principio, invitándoles de nuevo a mi casa y diciéndoles que todos están dispuestos a participar." "Vale", dijo Nasrudin, "pero entonces en cuatro años estarías preparados para comenzar el trabajo. ¡Y al año siguiente, el canal estaría construido!"

"Hay otro problema", dijo el granjero. "Estarás de acuerdo conmigo que una vez que el canal esté construido, cualquiera podrá ir por agua, tanto como si ha o no contribuido con su parte de trabajo correspondiente."

"Lo entiendo", dijo Nasrudin . "Incluso si quisierais, no podríais vigilar todo el canal."

"Pues no", dijo el granjero. "Cualquier caradura que se hubiera librado de trabajar, se beneficiaría de la misma manera que los demás y sin coste alguno."

"Tengo que admitir que tienes razón", dijo Nasrudin.

"Así que como a cada uno de nosotros se nos dan bien los números, intentaremos escabullirnos. Un día el burro no tendrá fuerzas, el otro el chico de alguien tendrá tos, otro la mujer de alguien estará enferma, y el niño, el burro tendrán que ir a buscar al médico.

Como a nosotros se nos dan bien los números, intentaremos escurrirnos el bulto. Y como cada uno de nosotros sabe que los demás no harán lo que deben, ninguno mandará a su burro o a su chico a trabajar. Así, la construcción del canal ni siquiera se empezará."

"Tengo que reconocer que tus razones suenan muy convincentes", dijo Nasrudin. Se quedó pensativo por un momento, pero de repente exclamó: "Conozco un pueblo al otro lado de la montaña que tiene el mismo problema que ustedes tienen. Pero ellos tienen un canal desde hace ya veinte años."

"Efectivamente", dijo el granjero, "pero a ellos no se les dan bien los números."

Perro verde

amigosdepeter 18/10/2008 @ 23:22

Por Edgardo Ariel Epherra

perro_verde.jpgEl Perro Verde nació en Primavera, y tal vez por eso tiene el mismo color de las plantas y los árboles, del césped, y de los ojos de las Reinas de la Primavera que tienen ojos verdes.

Así fue creciendo, en un barrio tranquilo del Pueblito de las Casas Iguales, a un costado de la Ruta de los Bostezos.

—No —le dijo el Perro Gris, que comenzaba todas sus frases de esa forma, negando: —Tendrías que cambiar, de algún modo. —¿Pero cuál es el problema? —quiso saber el Perro Verde: —Cada uno es como es. ¿Qué hay de malo en eso?

—No, mirá: posiblemente no sea malo pero es incómodo. Si vos sos como todos, nadie se fija —mostró este perro su sabiduría gris —y entonces te dejan vivir tranquilo. —Todos te aceptan — Por ejemplo: yo soy el perro de Gómez. ¿Se queja Gómez? No. ¿Le doy problemas con las vecinas y con los perros de la cuadra? No. Entonces Gómez me baña, me perfuma, puede sacarme a pasear tranquilo. Gómez me da de comer, me limpia la cucha. ¿Te saca a pasear alguien, a vos?

—Muy poco.

—¿No ves? Los que tienen perros negros, blancos, grises, rojizos, marrones, se ríen de tu dueño cuando te lleva a dar una vuelta. No hay que ser tan inmaduro, Perro Verde: deberías ponerte a tono con los demás.

—¡Y todos los perros me ladran! Aunque yo busco estar con ellos...

—No es así, no es así —terminó la conversación el otro, mirando a todas partes por si lo veían con el Perro Verde: —yo me voy a casa, pero te aconsejo que cambies para no tener problemas.

Mientras el Perro Gris se volvía con Gómez, el Perro Verde pensaba cómo hacer para ponerse a tono con los demás, aunque sospechaba que el problema no estaba sólo en su color.

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La máscara de la muerte roja

amigosdepeter 25/09/2008 @ 05:23

Edgar Allan Poe nos advierte en este moderno y revelador relato sobre la inutilidad de encerrarse para evitar ser alcanzado por los males de los excluídos. Se deberia pensar en ello antes de construir muros para los inmigrantes y altas rejas en las casas. Ya Kennedy alertó sobre la imposibilidad de que una minoria rica se salvara si no salvaba a la mayoria pobre. Las ciencias nos enseñan que los sietemas cerrados no existen.

La "Muerte Roja" había devastado el país durante largo tiempo. Jamás una peste había sido tan fatal y tan espantosa. La sangre era encarnación y su sello: el rojo y el horror de la sangre. Comenzaba con agudos dolores, un vértigo repentino, y luego los poros sangraban y sobrevenía la muerte. Las manchas escarlata en el cuerpo y la cara de la víctima eran el bando de la peste, que la aislaba de toda ayuda y de toda simpatía, y la invasión, progreso y fin de la enfermedad se cumplían en media hora.

Pero el príncipe Próspero era feliz, intrépido y sagaz. Cuando sus dominios quedaron semidespoblados llamó a su lado a mil caballeros y damas de su corte, y se retiró con ellos al seguro encierro de una de sus abadías fortificadas. Era ésta de amplia y magnífica construcción y había sido creada por el excéntrico aunque majestuoso gusto del príncipe. Una sólida y altísima muralla la circundaba. Las puertas de la muralla eran de hierro. Una vez adentro, los cortesanos trajeron fraguas y pesados martillos y soldaron los cerrojos. Habían resuelto no dejar ninguna vía de ingreso o de salida a los súbitos impulsos de la desesperación o del frenesí. La abadía estaba ampliamente aprovisionada. Con precauciones semejantes, los cortesanos podían desafiar el contagio.

Que el mundo exterior se las arreglara por su cuenta; entretanto era una locura afligirse. El príncipe había reunido todo lo necesario para los placeres. Había bufones, improvisadores, bailarines y músicos; había hermosura y vino. Todo eso y la seguridad estaban del lado de adentro. Afuera estaba la Muerte Roja.

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La fábula de la cigarra y la hormiga

amigosdepeter 16/09/2008 @ 16:48

2007-12-13-sl-10167777_01.jpgPor Gabriel 

La economía, como las estaciones, tiene sus ciclos y sus reglas. Lo sabio, es conocerlas y respetarlas; lo necio, ignorarlas. 

Nadie sabía mejor que las hormigas lo mucho que había que trabajar para cultivar y recoger arroz con el que pagar a quienes hacian camisas y pantalones por millones. Así, habían copiado, producido, vendido y almacenado lo suficiente como para pasar el duro invierno de la recesión, que siempre llegaba. Era, probablemente, el pueblo mas trabajador y más activo de los cinco continentes que contenian a la humanidad toda.

Se dedicaba aún con ahínco a esa tarea cuando, en las últimas horas de una tarde del otoño del ciclo económico, una aterida cigarra, con los bolsillos vacíos y la voz entrecortada se acercó renqueando y pidió su ración de petróleo y gas. Su bolsa de valores estaba tan flaca y débil que, desde hacía varios días, sólo se llenaba con un par de monedas tras escapársele todo el aire que contenía. La hormiga, entre los ecos de los fuegos artificiales (más artificiales que nunca) de los juegos olimpicos, a duras penas logró oír su trémula voz.

—¡Habla! —dijo —. ¿No ves que estoy ocupada? Hoy sólo he trabajado quince horas y no tengo tiempo que perder.

Escupió sobre sus patas delanteras, se las restregó y alzó un saco de arroz que pesaba el doble que ella. Luego, mientras la cigarra se recostaba débilmente contra una hoja seca, la hormiga comenzó a coser una zapatilla de deportes con un simbolo que inducía a hacer sin pensar. Sin levantar la vista de su trabajo exclamó:

—¿Qué dijiste?. Habla más fuerte.

—Dije que... ¡Dame cualquier cosa que te sobre! —rogó la cigarra—. Un bocado de liquidez, un poquito de inversión, algo de tu descomunal ahorro. Me muero, no puedo consumir...

Esta vez, la hormiga cesó en su tarea y, descansando por un momento, se secó el sudor que le caía de la frente.

—¿Qué hiciste durante la época de bonanza, mientras yo trabajaba? —preguntó.

—Oh... No vayas a creer ni por un momento que estuve ociosa —dijo la cigarra, tosiendo—. Estuve comiendo mas de lo que producía, contaminando mas de lo que limpiaba, pagando mas de lo que ganaba. ¡Todos los días!

La hormiga se lanzó como una flecha hacia otro saco de arroz y se lo cargó al hombro.

—Con que....tienes una televisión de plasma para poder ver la telebasura, un teléfono móvil con bluetooth para hablar con tu vecino, un coche todoterreno para estar mas cómodo en los atascos de tráfico, pero no tienes un saco de arroz como éste —respondió—. ¿Sabes qué puedes hacer?

Los extenuados ojos de la cigarra se iluminaron.

—No —dijo con aire esperanzado—. ¿Qué?

—Por lo que a mí se refiere, puedes empezar a trabajar sin descanso para pagarme todo lo que me debes. Todo lo que compraste sin tener para pagarlo. Yo, por si no lo sabes, mientras trabajaba duro, pagaba vuestra inmensa y absurda deuda. Ahora, llegó el momento en que las cigarras vivan como hormigas. Y tened en cuenta que las hormigas somos mas que vosotras y tendreis que producir todo lo que nosotras queramos consumir.

Y se fue hacia el hormiguero más próximo para darle un cuenco de arroz a la cigarra, a cambio de su blackberry, que ya no le era necesaria para coser camisas y pantalones para hormigas.

Madrid, Septiembre 2008 en pleno cambio de paradigma.

Sobre la temperatura del infierno

amigosdepeter 09/09/2008 @ 11:27

Enviado por Virgilio 

La siguiente pregunta fue hecha en un examen trimestral de química en la Universidad de Toronto. La respuesta de uno de los estudiantes fue tan "profunda" que el profesor quiso compartirla con sus colegas, vía Internet, razón por la cual podemos todos disfrutar de ella.

Pregunta: ¿Es el Infierno exotérmico (desprende calor) o endotérmico (lo absorbe)?

La mayoría de los estudiantes escribieron sus comentarios sobre la Ley de Boyle (el gas se enfría cuando se expande y se calienta cuando se comprime).

Un estudiante, sin embargo, escribió lo siguiente:

En primer lugar, necesitamos saber en qué medida la masa del Infierno varía con el tiempo. Para ello hemos de saber a qué ritmo entran las almas en el Infierno y a qué ritmo salen. Tengo sin embargo entendido que, una vez dentro del Infierno, las almas ya no salen de él. Por lo tanto, no se producen salidas.

En cuanto a cuántas almas entran, veamos lo que dicen las diferentes religiones. La mayoría de ellas declaran que si no perteneces a ellas, irás al Infierno. Dado que hay más de una religión que así se expresa y dado que la gente no pertenece a más de una, podemos concluir que todas las almas van al Infierno.

Con las tasas de nacimientos y muertes existentes, podemos deducir que el número de almas en el Infierno crece de forma exponencial. Veamos ahora cómo varía el volumen del Infierno. Según la Ley de Boyle, para que la temperatura y la presión del Infierno se mantengan estables, el volumen debe expandirse en proporción a la entrada de almas.

Hay dos posibilidades:

1. Si el Infierno se expande a una velocidad menor que la de entrada de almas, la temperatura y la presión en el Infierno se incrementarán hasta que éste se desintegre.

 2. Si el Infierno se expande a una velocidad mayor que la de la entrada de almas, la temperatura y la presión disminuirán hasta que el Infierno se congele.

¿Qué posibilidad es la verdadera?:

Si aceptamos lo que me dijo Lucía en mi primer año de universidad ("hará frío en el Infierno antes de que me acueste contigo"), y teniendo en cuenta que me acosté con ella ayer noche, la posibilidad número 2 es la verdadera.

Doy por tanto como cierto que el Infierno es exotérmico y que ya está congelado. El corolario de esta teoría es que, dado que el Infierno ya está congelado, ya no acepta más almas y está, por tanto, extinguido... dejando al Cielo como única prueba de la existencia de un ser divino, lo que explica por qué, anoche, Lucía no paraba de gritar "¡Oh, Dios mío!


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