Por Gabriel
Muchos no entienden las decisiones del Comité Olímpico Internacional (COI) cuando se trata de elegir sede para la celebración de los Juegos Olimpicos con siete años de antelación. Muchos madrileños y quizá bastantes españoles (no todos, ni mucho menos) hemos sentido decepción y cierta sensación de injusticia en la elección de Rio de Janeiro como ciudad que albergará losJuegos Olímpicos de 2016.
Pero, lo cierto es que las votaciones emitidas son muy reveladoras de un nuevo orden internacional, de un nuevo paradigma en lo que se refiere a la futura configuración del mundo.
Tras el guiño de las pasadas olimpiadas de 2008, contra viento y marea, respaldando al régimen totalitario de Pekin, en reconocimiento de su gigantesco potencial internacional, en esta ocasión competían nada más y nada menos que Chicago, en representación de la todavía primera potencia mundial, Tokio, en representación de lo que fue el mayor milagro en términos de desarrollo, Madrid, en representación del país que pasó del siglo XIX al XXI sin hacer escala en el XX y Rio de Janeiro, en representación del Sur.
Y el COI ha ejercido de implacable juez de la verdadera importancia que jugarán estas ciudades y países en el futuro internacional. No importaba su presente. Importaba su futuro.
A nadie se le escapaba a finales de la era Bush que los Estados Unidos de Norteamérica eran un imperio en decadencia, un gigante con los pies de barro. El efecto Obama mitigó algo esta sensación, especialmente entre los propios estadounidenses, pero el COI lo ha vuelto a poner en su sitio. Nadie apuesta por el futuro del cláscico "american way of life" que ha convertido a su población en obesa y arruinada mientras ve por televisión las evoluciones de su legión extranjera como casi único motivo de orgullo.
Tampoco se le escapa a nadie que Japón hace ya bastante tiempo que no es lo que era. Que nunca salió de su cirsis, cuando le llegó, y que nunca terminó de cuajar internacionalmente su cultura, con la excepción de parte de su deliciosa cocina.
En cuanto a España, hace ya algún tiempo que se produjo aquella fascinación internacional por su movida y por su transición política. Después vino la salvaje especulación inmobiliaria que la llenó de nuevos ricos, la internacionalización más bien depredadora de sus empresas en latinoamerica y la llegada tardía a todos los foros internacionales como parte de un primer mundo que se empezaba a desmoronar. Su momento fue el 92 y fue Barcelona quien lo aprovechó y capitalizó de forma inteligente y eficaz.
Y Brasil...qué decir de Brasil. El imponente Amazonas, el carnaval, el Movimiento de los Sin Tierra, el Foro Alternativo de Portoalegre, Curitiva, Luz Inacio Lula da Silva...el pulmón del mundo, el motor de sudamérica, la alternativa razonable al Chavismo y a los Kishner, la voz del sur. La alternativa amable. La esperanza de cambio. Todo eso y más. Futuro en estado puro.
Y asi ocurrió todo el viernes 2 de octubre de 2009. Madrid comenzó liderando en la primera votación y ganando a Río por 28 a 26, mientras la primera potencia del mundo representada por la pareja Obama era descartada. ¿A quién votarían los pocos que apostaron por Chicago? Si no podía ser el lider del primer mundo quien organizara los juegos, no serían los segundones de la vieja Europa. Muy mayoritariamente se inclinaron por Río. Igual ocurrió con quienes habían votado inicialmente por Tokio. Tampoco creyeron que Madrid fuera una alternativa al pasado poderío nipón. Resultado final: aplastante victoria de Rio de Janeiro con 66 votos frente a los 32 obtenidos por Madrid (sólo cuatro más que en la votación inicial).
Conclusión: el viejo orden mundial se desmorona y España y Brasil partieron como válidas alternativas. Pero, una vez que desaparecen de la escena los genuinos líderes del llamado "mundo desarrollado", todos perfieren apostar por la alternativa real. Por lo nuevo, lo deiferente, lo desconocido... Por lo bueno por conocer. Por el desfavorecido sur. Valiente y progresista apuesta de los miembros del COI. Supongo que por compensar aquella tan reaccionaria de Pekin y su capitalismo totalitario.
GF
Madrid, 3 de Octubre de 2009