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Archivo: Junio 2009

La democracia en Africa

amigosdepeter 19/06/2009 @ 12:33

Traducido y enviado por Horacio Amorim

Crónica de Mia Couto, escritor mozambicano, publicada en la edición de Abril de la revista África 21

¿Cómo entendemos la democracia?

En la bella ciudad de Durban, hablaba con otros escritores africanos de la sorpresa que nos causaba ver que, en Zimbabwe, tanta gente sigue apoyando a Robert Mugabe. Había, en el grupo, escritores de varios países de África. Hablábamos de ello aprovechando el mejor momento de las conferencias literarias: los intervalos. Nuestra perplejidad no se limitaba al caso de Zimbabwe. ¿Cómo podía ser que pueblos enteros, en otras naciones, se acomodaran sin problemas ante dirigentes corruptos y venales. ¿De dónde nace tanta resignación?

Una de las razones de esta actitud conformista, reside en la forma en la que las lenguas se relacionan con conceptos políticos modernos. Por ejemplo, un zimbabweano rural designa a sus líderes nacionales como “entidades divinizadas”, más allá de las contingencias de la Historia y alejados de la voluntad de sus súbditos. Lo mismo ocurre en casi todas las lenguas bantus.La cuestión puede ser formulada de la siguiente manera: ¿Cómo pensar en la democracia en una lengua en la que no existe la palabra «democracia»? ¿En un idioma en el cual «Presidente » se dice «dios»?

En las lenguas del Sur de Mozambique, la expresión que designa el jefe de Estado es «hossi». Esa misma palabra designa también las entidades divinas en la forma de los espíritus de los antepasados, al tratarse de sociedades en las que no existe separación de lo civil con el universo religioso.

Parece una cuestión de orden lingüístico. No lo es. Se trata mas bien del modo en el que se organizan las percepciones y las representaciones que una sociedad construida sobre si misma. La sacralización del poder no puede encajar con regímenes en que los que se supone que los líderes son libremente elegidos por votaciones libres, en una sociedad en la que no hay súbditos sino ciudadanos.

Este tema escapa muchas veces a quienes se dedican a organizar seminarios sobre ciudadanía, modernidad y gobernabilidad en África. La problemática política es entendida, casi siempre, en su dimensión institucional, exterior a la intimidad de los ciudadanos. Sin embargo, cuando el participante en el seminario explique a su comunidad el contenido de los debates usará su lengua materna. Y siempre que se refiera al Presidente hará uso del vocablo «dios». ¿Como pedir una actitud de cambio en estas circunstancias? ¿Que hacer entonces? ¿Será que los que hablan tales lenguas están condenados a la inmovilidad por causa de esta inercia lingüística?

En realidad, existen tensiones entre la lógica interna de algunas de esas lenguas y la dinámica social. Estas tensiones no son nuevas y siempre han sido resueltas a favor de la adaptación creativa y de la creación de futuro.Ya en el pasado, las culturas africanas (y todas las otras en todos los continentes) tuvieron que amoldarse y reajustarse ante todo aquello que era novedoso. Yo mismo fui testigo del modo veloz en el que las lenguas mozambicanas se proveyeron de instrumentos nuevos, adaptando y apropiándose de términos no autóctonos. Con el uso generalizado, esos términos terminaron siendo asimilados e “indígenizados”. Sin drama lingüístico, sin apoyo de academias ni de acuerdos ortográficos los parlantes de esas lenguas «pidieron» en préstamo palabras de otros idiomas. Mozambique es, en tal dominio, un caldero de esos mestizajes.

Los nacionalistas africanos no esperaron que un vocabulario propio surgiera en el seno de las lenguas maternas de sus países. Ellos comenzaron la lucha y esa misma dinámica contaminó (incluso con el uso de términos y discursos enteros en portugués) a las restantes lenguas locales.

Todo ello nos lleva a la siguiente convicción: la capacidad de cuestionar el presente requiere de un lenguaje portador de futuro. La necesidad de ser de nuestro tiempo y de nuestro mundo exige lenguas abiertas al cosmopolitismo. África – tantas veces pensada como morando en el pasado – ya está viviendo en el futuro en lo que respecta a la condición lingüística: casi todos los africanos son multilingües. Esa disponibilidad es una marca de modernidad vital. El destino de nuestra especie es que cada persona sea la humanidad toda entera.

Futuro

amigosdepeter 19/06/2009 @ 11:57

“Se habla mucho de la necesidad de dejar un planeta mejor para nuestros hijos, pero nadie habla de la urgencia de dejar hijos mejores en el planeta…” (Anónimo)

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