
En la semana de movilizaciones mundiales a favor de la concienciación sobre la importancia de alcanzar los Objetivos del Milenio en 2012, me resulta sumamente interesante el discurso pronunciado por el Presidente de Ecuador, Rafael Correa ante la Sexagésima Segunda Asamblea General de la
Organización de Naciones Unidas el pasado mes.
Los objetivos del milenio limitan aspiraciones de cambio social
"Señor Presidente; Excelencias; señores Jefes de Estado y de
Gobierno y Representantes de los Gobiernos del Mundo:
Permítanme iniciar esta intervención reflexionando sobre el
compromiso de lucha contra la pobreza, vigente desde septiembre de
2000, cuando 189 países suscribieron la declaración de los Objetivos
del Milenio (ODM). En virtud de ese acuerdo nos comprometimos a
cumplir, hasta 2015, con algunos propósitos básicos en el camino al
Desarrollo Humano.
Hoy, desde un gobierno que ha proclamado en el Ecuador una revolución
ciudadana, democrática, ética y nacionalista, quisiéramos proponer
algunas reflexiones críticas sobre el propio concepto de los ODM, sus
limitaciones, y los peligros que entrañan agendas mínimas de esta
naturaleza, sobretodo frente a las profundas asimetrías sociales y
económicas que vive el planeta.
La primera limitación en los ODM es que constituyen un mínimo como
estrategia para disminuir la pobreza. Nuestra meta es ir mucho más
allá de tales mínimos, profundizando los objetivos e incorporando
muchos otros. El hecho de suscribirnos de manera exclusiva a un
enfoque de necesidades mínimas, como el que plantean los ODM, implica
un alto riesgo, al buscar satisfacer conciencias, pero limitando las
aspiraciones de cambio social.
De esta forma, podemos asumir que existen dos umbrales que nos
permiten caracterizar la vida de las personas. El primero tiene que
ver con las capacidades indispensables en los seres humanos para
subsistir dentro de la sociedad, capacidades sin las cuales una vida
no podría llamarse siquiera humana. El segundo umbral se refiere a
las capacidades que le permitan a cada uno realizarse como persona
dentro de esa sociedad. Estamos hablando, por tanto, no solo de
subsistencia, sino del derecho a gozar de una vida digna de ser
vivida."
"Señor Presidente, Excelencias:
Creemos que tener la meta de vivir con un dólar más un centavo al
día, para, supuestamente, superar la pobreza extrema, o evitar morir
prematuramente, como podría colegirse de los ODM, no significa llevar
una vida digna.
El desarrollo de políticas públicas en un país que pretende un cambio
radical, como el caso ecuatoriano, no puede conformarse con alcanzar
objetivos mínimos. Obviamente evitar la muerte prematura de los niños
y niñas o de las madres gestantes, resulta un objetivo
incuestionable. Sin embargo, centrándonos sólo en aquello, corremos
el riesgo de conformarnos con que la vida humana sea simplemente un
proceso de resistencia que tenga como fin alargar unas horas más la
existencia de las personas.
Proponemos, en consecuencia, objetivos comunes no sólo sobre mínimos
de vida sino sobre máximos sociales. Por ejemplo, consideramos que es
posible compartir identidades diversas, construir y recuperar
espacios públicos, garantizar el acceso a la justicia, tener un
trabajo que garantice el derecho a ganarse el propio sustento, tener
tiempo para la contemplación, la creación artística y la recreación,
objetivos que ya se encuentran en el Plan Nacional de Desarrollo que
ha puesto en vigencia el Gobierno del Ecuador.
De esta forma, renunciamos a la idea de que el presente es una pura
fatalidad histórica frente a la cual claudicamos buscando mínimos
claramente elemental.
Más aún, la perspectiva de conformarse con mínimos supone también la
legitimación de la realidad que vivimos, ya que tales mínimos no
buscan trastocar las distancias ni las relaciones de poder entre los
sujetos ni entre las sociedades. Es decir, también abogamos por el
reconocimiento de una igual dignidad para todos los seres humanos.
El conceder a algunas personas unos mínimos debe ser, a lo sumo, un
objetivo emergente y temporal, y jamás debe considerarse como un
modus operandi de la política pública, dado que supone situar al
«beneficiario» en una posición de inferioridad frente a los demás. En
otras palabras, supone no reconocer su idéntica dignidad humana
frente al resto. De hecho, no es casualidad que burocracias
internacionales como el Banco Mundial proponga siempre hacer “poverty
reports” y nunca se le haya ocurrido hacer “inequality reports”.
Por ello, quizá la mejor estrategia de reducción de la pobreza con
dignidad es la reducción de las distancias sociales, económicas,
territoriales, ambientales y culturales. De esta manera, uno de
nuestros objetivos principales de gobierno es disminuir las
iniquidades en un marco de desarrollo endógeno, de inclusión
económica y de cohesión social-territorial, tanto interna como en el
marco del sistema global.
DDHH y valores universales contra Programas Sociales que fragmentaron
la sociedad
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