Por Gabriel
Un año antes de que yo naciera, un tal Marcelino hacia historia en el futbol español al marcar el gol de la victoria contra Rusia en el estadio Santiago Bernabéu. Ese mítico gol, tras ser manipulado por el NODO para que pareciera que fue Amancio y no Pereda el autor del pase, ha sido durante décadas el que permitía a España presumir de su único triunfo internacional en materia balompédica. Corría el año 64 y las televisiones aún eran en blanco y negro.
Once años después murió Franco y llegó la democracia a España. Con ella, también la televisión en color, la movida madrileña, el triunfo del PSOE y el Mundial del 82 con el orondo y horrendo Naranjito y la pelota oficial de Adidas Tango. Ni con esas, ni con la ayuda de los árbitros consiguió España en esa época pasar de cuartos. El empate contra Honduras en el primer partido no hacia presagiar nada bueno. Y asi fue, de nuevo los de siempre, Francia, Alemania y, como no, Italia, junto a la sorprendente Polonia se repartieron la gloria. Finalmente la Italia de Zoff, Altobelli, Tardelli y Rossi se hacia con el triunfo frente a Alemania. Recuerdo haber visto ese partido cuando pasaba unos dias en Londres y aun recuerdo la que montaron los italianos que por alli tambien andaban en aquel caluroso mes de junio. Qué envidia me daban, cómo me hubiera gustado ser italiano aquel día...
Dos años después, cuando ya estaba en la Universidad, llegó una nueva oportunidad: la Eurocopa del 84 en Francia. Con una mediocre primera fase, España se cuela en semifinales y Maceda junto a la impecable tanda de penaltis de Santillana, Señor, Urquiaga, Victor y Sarabia, contra Dinamarca, dan a España el pase a la final contra Francia. Era el momento de ganar a Francia en su terreno. Pero ahí estaban Platini y Arconada para aguarnos la fiesta. De nuevo lloré de rabia e impotencia.
A partir de ahí, todos dejamos de creer en la selección y ni la quinta del buitre ni la millonaria liga española, ni la goleada a Malta nos sacaron de la pesadilla del jugar como nunca y perder como siempre, del eterno sufrimiento y la constante decepción. Hasta hoy, glorioso 29 de Junio de 2008, 44 años despues del gol en blanco y negro de Marcelino y 24 desde la cantada de Arconada, en el que veo desde la pantalla gigante del Club Español de Costa Rica cómo en el minuto 33 Xavi saca el tiralineas para dar un pase medido al niño Torres, que con una mezcla perfecta de potencia, clase y habilidad, supera a Lahm y Lehmann en una fracción de segundo y deja que toda España empuje durante unos instantes el balón, plateado como la copa, hacia las redes de la porteria alemana. Fue suficiente para desquiciar a todo el equipo alemán capitaneado por el ansioso e impotente Ballack que veía como se le escapaba una final más.
Nada más terminar el partido se acercan las televisiones y radios locales al grupito de españoles que nos abrazábamos afónicos y eufóricos. Me preguntan por el triunfo y por Raúl. Sin pensarlo, contesto que el triunfo también es de Raúl y que todos lo merecíamos desde hace mucho tiempo. Atrás quedan fantasmas, rabietas y lágrimas de impotencia. Por fin vemos en color a un equipo español que juega como nunca y gana también como nunca. Tiqui Taca del bueno. Italia, Rusia y Alemania, verdugos en otras ocasiones, ya no nos darán miedo nunca más.
En nombre de la generación que nunca tuvo la oportunidad de vivir algo así, GRACIAS CAMPEONES!


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Poco después, leo en el diario hondureño
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